20 Jul 07:05h
Verónica de la Vega se presenta ante el mundo, simplemente, como una “brujita”. No es un apodo al azar; es un destino que corre por sus venas. Ella es «nieta de una bruja, hija de una bruja y mamá de una bruja». Sin embargo, el camino hacia la aceptación de su don no fue sencillo. Hubo una época en la que Verónica ejercía como profesora y sentía un profundo pudor por su herencia esotérica. «Me da vergüenza, tía, porque yo soy profesora«, confesaba años atrás, cuando aún ocultaba su sensibilidad.
Verónica compartió su historia de vida en ¿¡Quién sos?!, con la conducción de Celeste Williner en Pelado Stream. Tras un divorcio difícil que la dejó sin hogar y sin recursos para sostener a su hija, su tía la impulsó a profesionalizar aquel saber que practicaba desde los 15 años. Lo que surgió como una necesidad de supervivencia se transformó en su propósito vital. «Gracias a esto mi vida se la debo a esto«, afirma hoy con gratitud al recordar cómo el tarot se convirtió en su salvación.
Para Verónica, las cartas no son un juego de azar, sino un puente hacia lo profundo. Ella define al tarot como el oráculo que permite «traducir nuestros subconscientes a través de las cartas». En sus sesiones de lectura, los símbolos funcionan como una herramienta terapéutica de autoconocimiento. Su visión del destino se aleja de lo inamovible; para ella, el tarot ofrece un mapa de posibilidades donde prima el libre albedrío: «Vos tenés caminos para elegir y entonces en lo que te ayuda el tarot es en que vos veas esos caminos que tenés y vos elijas«.
Este oficio, que ejerce hace ya 32 años, tiene un impacto directo en su cuerpo. Verónica “corporaliza” la energía de sus clientes; siente dolores de cabeza o nota cómo se le “encrespa la piel” cuando las vibraciones de quienes la visitan son bajas o densas. A pesar del desgaste, recibe a una clientela que ha cambiado con el tiempo. Curiosamente, hoy los hombres consultan más que las mujeres, movidos principalmente por inquietudes sobre sus negocios o por desconfianza hacia sus parejas.
La trayectoria de Verónica también es un testimonio de la evolución social. Ella evoca los años en los que las tarotistas sufrían la persecución policial bajo cargos de «estafa a la fe pública». Hoy, esa sombra quedó atrás y ella reivindica la figura de la mujer madura a través del arquetipo de la “mujer sabia” de Jung. Explica que, con la llegada de la menopausia, la energía femenina se transforma: «Nos volcamos un poco más hacia nosotros, nuestros proyectos, nuestra sabiduría«.
Para proteger su propia energía, Verónica confía en la naturaleza y en la actitud mental. Recomienda el contacto con el río, el uso de resinas naturales y, sobre todo, mantener una vibración alta a través del positivismo. Su mensaje final es una advertencia cargada de empoderamiento: «Una mujer es una bruja en potencia«.
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