02 Sep 13:35h
El politólogo Sergio Guzmán, docente e investigador de la Universidad Nacional de San Juan (UNSJ), expuso este miércoles en el programa Pelado Stream sobre el auge global de las agencias de viajes que mercantilizan la tragedia y la muerte. El especialista analizó los límites éticos de esta práctica, denominada turismo oscuro o necroturismo, que genera tensión entre la memoria histórica y la simple curiosidad morbosa.
En la actualidad, existen agencias de turismo a nivel mundial con ofertas de viajes a zonas de conflicto bélico activo. Guzmán detalló el caso de Ucrania, donde se estructuran recorridos con base en tres niveles de peligro: el contacto directo frente al Frente Ruso, una zona de peligro atenuada y un área de ingreso inicial desde territorios sin combates directos. Esta mercantilización del dolor humano pone bajo la lupa a los estados, ya que, por ejemplo, el gobierno ucraniano se desvincula de la seguridad de estos visitantes, quienes asumen el riesgo total en viajes de esparcimiento desaconsejados.
Para el docente de la UNSJ, la frontera entre el respeto histórico y la banalización de la tragedia está definida por el factor tiempo. Guzmán planteó que no es lo mismo visitar un campo de batalla antiguo que intentar ingresar a un sitio donde el dolor es reciente y las familias de las víctimas aún sufren. Mientras que los lugares históricos permiten un ejercicio de memoria activa y reflexión para evitar que se repitan las atrocidades del pasado, los sucesos recientes a menudo solo alimentan la trivialización del dolor ajeno.
La atracción por lo lúgubre no es un fenómeno nuevo. Monumentos reconocidos como el Taj Mahal en la India —que en esencia es una tumba—, las playas de Normandía en Francia o el sitio de la batalla de Waterloo en Bélgica atraen a millones de personas. Del mismo modo, el campo de concentración de Auschwitz en Polonia recibe dos millones de visitantes al año bajo una premisa educativa y de reflexión profunda, apoyada por el Estado. Asimismo, la Zona Cero del World Trade Center en Nueva York y una torre incendiada en el centro de Londres se integraron rápidamente a los circuitos turísticos urbanos.
En Argentina, esta dinámica adquiere matices específicos sobre la preservación de la memoria colectiva. Guzmán mencionó la antigua Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) como un emblema de recordatorio constante frente a los crímenes de la dictadura militar, a pocas cuadras de donde se celebraba el Mundial de Fútbol de 1978. También abordó controversias recientes, como la decisión del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires de instalar una confitería y tienda de regalos dentro de una bóveda familiar en el Cementerio de Recoleta, un lugar de gran afluencia turística por albergar los restos de figuras como Eva Perón y Domingo Faustino Sarmiento.
A nivel local, en la provincia de San Juan, el politólogo señaló que la Catedral aloja una urna con restos de las víctimas del terremoto de 1944 y la cripta de Fray Justo Santa María de Oro. Sin embargo, la tensión ética se reavivó tras un incidente reciente en el que dos personas en motocicleta intentaron vulnerar el perímetro de seguridad en la zona donde se estrelló un avión hace apenas cuarenta días. Guzmán contrapuso este comportamiento morboso con el estatus de la ex Legislatura de San Juan, un sitio de memoria vinculado a hechos graves que permanece cerrado al público debido a la intervención de la justicia.
El análisis concluyó en que la fascinación por lo trágico es inherente a la naturaleza humana, pero requiere de un límite de respeto. El necroturismo puede cumplir funciones educativas o de asistencia económica para la reconstrucción de comunidades afectadas. No obstante, la responsabilidad estatal radica en guiar el interés de la sociedad hacia la reflexión colectiva y la memoria, para evitar que el dolor ajeno se transforme en un mero espectáculo comercial de esparcimiento.
PELADO STREAM
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