02 Sep 07:50h
El presidente argentino, Javier Milei, decidió capitalizar políticamente la sorpresiva declaración de Donald Trump sobre la soberanía de las Islas Malvinas. El mandatario convocó a una cadena nacional para este jueves a las 21:00 horas, una medida que busca consolidar su control sobre un reclamo histórico de la ciudadanía. Esta estrategia nacionalista ocurre semanas después de que la Selección Nacional de fútbol desafiara las prohibiciones oficiales al exhibir una bandera con la leyenda «Las Malvinas son argentinas» en el Mundial de 2026.
El jefe de Estado defendió con vehemencia el uso de la transmisión pública frente a las críticas de la oposición. A través de sus redes sociales, Milei calificó de «mierdas humanas» a quienes cuestionan la cadena nacional sobre un tema que considera sagrado y estratégico para la nación. Asimismo, prometió que su administración sostendrá la defensa de los intereses nacionales «con uñas y dientes», a pesar de la postura inicial de «cautela y prudencia» que adoptó el Poder Ejecutivo tras conocerse las palabras de Trump.
Por su parte, el canciller Pablo Quirno reafirmó que el reclamo es una obligación constante, aunque aclaró que el país debe «hacer los deberes» por su cuenta y no depender de terceras potencias.
La controversia se desató este lunes en Washington, donde Trump admitió por primera vez en persona que evalúa retirar el apoyo estadounidense a Gran Bretaña en el conflicto por el archipiélago. «Siempre reviso todas las posiciones», afirmó el líder norteamericano ante la prensa en el Despacho Oval.
Detrás de este giro diplomático existe un fuerte mecanismo de presión hacia el nuevo primer ministro británico, Andy Burnham, a quien la Casa Blanca exige un incremento en el gasto de defensa de la OTAN hasta alcanzar el 5% de su PBI. Oficiales del Pentágono confirmaron que la revisión de la neutralidad histórica en el Atlántico Sur funciona como una palanca para forzar a sus aliados a cumplir sus obligaciones militares.
La respuesta de Londres no tardó en llegar. La oficina del primer ministro británico, Andy Burnham, calificó de «inquebrantable» su compromiso con los habitantes de las islas. Un portavoz de Downing Street sostuvo que los isleños son británicos y tienen el derecho a determinar su propio futuro. De manera tajante, el ministro de Hacienda de ese país, John Healey, concluyó que las islas «son británicas y seguirán siendo británicas».
Toda esta tensión geopolítica resuena con fuerza en la memoria reciente de los argentinos. En julio de 2026, tras la épica victoria de Argentina por 2-1 sobre Inglaterra en la semifinal del Mundial de fútbol en Atlanta, los futbolistas Giovani Lo Celso, Lisandro Martínez y Cristian «Cuti» Romero desplegaron en el césped el trapo con la inscripción «Las Malvinas son argentinas». El festejo se concretó a pesar de las estrictas restricciones que impuso la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, quien prohibió el ingreso de cualquier mensaje político para evitar incidentes en el estadio. En aquella oportunidad, el mediocampista Leandro Paredes declaró a la prensa que el archipiélago «siempre» pertenecerá a la Argentina, un sentimiento popular que ahora el gobierno nacional busca capitalizar para fortalecer su posición interna.
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