La buena y la mala de la división peronista

09:18h

Una buena y una mala tiene este momento de fractura indisimulable en el PJ, si se mira desde el punto de vista peronista sanjuanino Posiblemente el razonamiento aplique a otras provincias argentinas también.

La buena es el sinceramiento de las diferencias irreconciliables y el blanqueo de que no siempre se puede sostener la ‘unidad hasta que duela’. La mala es que aquella fractura porteño-bonaerense derrama hacia todo el país.

Las similitudes con el 2003 son muy visibles. En aquel contexto post estallido del 2001, el peronismo se dividió en tres líneas que se tradujeron en tres candidatos presidenciales con el sello del justicialismo: el desconocido Néstor Kirchner con la bendición de Eduardo Duhalde (que estaba en el poder en ese momento), el expresidente Carlos Menem y el fugaz expresidente y recurrente gobernador puntano Adolfo Rodríguez Saá.

La historia lo puso a Kirchner en la Casa Rosada con un magro 22 por ciento de los votos, porque Menem se bajó del ballotage, al entender que su imagen negativa lo haría perder con cualquiera que tuviese en frente.

El alineamiento del entonces senador José Luis Gioja con Kirchner, porque así lo habían acordado con Duhalde, terminó traccionando al sanjuanino a la gobernación, a punto tal de derrotar a Roberto Basualdo, amigo y aliado incondicional de Rodríguez Saá.

La partición del peronismo en tres hace más de 20 años fue producto de la crisis política que atravesaba el país. El descrédito de la política no se había superado. Todavía sonaba el cántico ‘que se vayan todos’ con las cacerolas en la mano.

Pero si el peronismo estaba todo roto, el radicalismo había quedado peor después de la renuncia de Fernando De la Rúa y la foto imborrable del helicóptero, mientras en las calles moría la gente por la represión policial en contexto de saqueos y estado de sitio.

Este rápido ejercicio de memoria permite encontrar rápidamente algunas similitudes. Y varias diferencias. Aunque el descrédito de la política sigue, el poder institucional está sólido. Y el presidente Javier Milei, pese a todo, sigue teniendo un relevante nivel de acompañamiento no inferior al 30 por ciento.

El peronismo tiene al gobernador bonaerense, Axel Kicillof, como figura instalada para disputar la presidencia. Pero su candidatura no está despejada, toda vez que el kirchnerismo lo desconoce e impulsa la postulación de Cristina, pese al impedimento judicial.

Esta semana, en ocasión del cuarto aniversario del intento de magnicidio, trascendió que el equipo de letrados que presentó una apelación ante el Comité de Derechos Humanos de la ONU espera alguna respuesta en octubre próximo.

Si Naciones Unidas resuelve que el caso es admisible, que pudo haberse violado la legítima defensa en la Causa Vialidad y que el proceso pudo haber estado viciado: ¿podría Cristina competir aunque más no sea en las primarias del año próximo?

La sola posibilidad genera un tembladeral. Pero si esto fuera solo una ficción, le bastará la jugada para conservar cierta cuota de poder que le permita direccionar a sus votantes hacia otra figura. Hay una catarata de especulaciones que llegan hasta la mismísima Myriam Bregman. Incomprobable.

Lo cierto es que el peronismo avanza hacia una confrontación que no se veía de este modo desde el 2003, cuando se partió en tres corrientes. En aquel momento el peronismo sanjuanino también se partió en tres. Nada hace suponer que no vaya a repetirse en 2027.

¿O acaso el peronismo local resolverá que puede aislarse de lo nacional y hacerse el distraído mientras a nivel nacional arde Troya?

Habrá quienes entiendan que sí, que sería lo más saludable: aprovechar que Marcelo Orrego adelante las elecciones provinciales para escaparse de los dimes y diretes de Cristina, Axel y compañía. Sin embargo, a la militancia no le gusta la tibieza.

PELADO STREAM

Daniel Tejada
hola@peladostream.com.ar
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