16 Jul 07:36h
Tras la épica victoria de Argentina por 2-1 sobre Inglaterra en la semifinal del Mundial 2026, los jugadores de la Selección desafiaron las prohibiciones de seguridad al exhibir una bandera con el mensaje “Las Malvinas son argentinas” en el campo de juego.
El gesto se produjo a pesar de las estrictas restricciones anunciadas previamente por la ministra de Seguridad nacional, Alejandra Monteoliva, quien había prohibido expresamente el ingreso de banderas o mensajes con contenido político o «provocativo», incluyendo imágenes de las islas del Atlántico Sur.
La bandera, un trapo blanco con letras negras, fue desplegada en medio de los festejos por Lisandro Martínez, Giovani Lo Celso y Cristian “Cuti” Romero frente a la tribuna de los hinchas argentinos en Atlanta.
Según los reportes, el objeto no fue ingresado por el plantel, sino que se encontraba en las gradas y fue arrojado por los fanáticos al césped para que los futbolistas lo tomaran durante la celebración.
Este acto de reivindicación ocurrió horas después de que se implementara un dispositivo de seguridad especial de 1.600 policías, calificado como de «alto riesgo» por la FIFA y las autoridades locales.
La ministra Monteoliva había fundamentado la restricción en la necesidad de evitar situaciones que pudieran provocar conflictos entre las parcialidades dentro del Mercedes-Benz Stadium.
Sin embargo, al finalizar el encuentro, el sentimiento de los jugadores afloró: Leandro Paredes afirmó ante la prensa que las islas “siempre serán argentinas”, mientras que Martínez destacó que buscaban representar al país «dejando la vida» hasta el último segundo.
En el plano estrictamente deportivo, el equipo de Lionel Scaloni logró remontar un partido que comenzó perdiendo tras un gol de Anthony Gordon. Con dos asistencias de Lionel Messi, los tantos de Enzo Fernández a los 85 minutos y de Lautaro Martínez a los 91 sellaron la clasificación a la final.
Ahora, la Albiceleste se prepara para defender su título el próximo domingo contra España en Nueva Jersey, habiendo dejado en Atlanta no solo un triunfo histórico, sino también un fuerte mensaje político que la seguridad intentó, sin éxito, evitar.
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