06 Mar 09:27h
De tan esperado y pospuesto, el proyecto de reforma electoral terminó siendo sorpresivo. Entró un primer proyecto el año pasado y quedó perdido en la Legislatura, porque el escenario político tuvo ciertamente otras urgencias. Esta vez, Marcelo Orrego se puso la bazuca al hombro y tiró una iniciativa escueta, en la víspera del nuevo período ordinario de sesiones. Manéjense.
El proyecto tiene dos conceptos elementales. El primero es la eliminación definitiva del Sistema Amplio de Participación Democrática, más conocido como SIPAD. Es decir, adiós Ley de Lemas. El segundo punto central es que la definición de candidaturas correrá por cuenta de los partidos políticos o los respectivos frentes electorales.
Dicho en otros términos, Orrego le puso punto final a las especulaciones e incluso le cerró la puerta a esa conversación que apuntaba a diseñar una salida intermedia, tal vez con un esquema de listas colectoras. Nada de eso.
Los partidos tendrán que resolver sus cuestiones internas solos, para molestar lo menos posible a los ciudadanos comunes no interesados en la trenza política. No volverán tampoco las primarias abiertas, ni simultáneas ni obligatorias ni voluntarias.
Orrego se puso la bazuca al hombro y disparó con una iniciativa política que todo el arco dirigencial estaba esperando: desde los aliados del oficialismo hasta los opositores. Movió el gobernador. Hay bandera de largada entonces. Que comience el juego.
Una fuente del orreguismo confesó a este periodista que lo que viene ahora puede tener similitudes con el estilo libertario que tanto gusta en ciertos sectores de la población: más carácter y menos moderación.
Según esta fuente, los buenos modales, el dialoguismo que siempre caracterizó al gobierno orreguista y lo distinguió de Javier Milei sería contraproducente en este tiempo de descuento para el 2027.
La gente parece premiar las decisiones jugadas, sobre todo cuando están sintonizadas con la voluntad de las mayorías. Bueno, las mayorías vienen rechazando participar en las decisiones políticas con niveles de asistencia a las urnas cada vez más flojos.
La experiencia traumática del 2023, con ¡cinco elecciones! en el año producto del desdoblamiento, la intervención de la Corte Suprema y el ballotage presidencial, funcionó como una vacuna. Nadie tiene ganas de pasar el 2027 de votación en votación.
El plan orreguista es, a lo sumo, desdoblar. Votar dos veces: la primera, para definir categorías provinciales y municipales; y la segunda, para definir categorías nacionales.
En el medio, habrá que tantear las posibilidades de un acuerdo electoral entre Producción y Trabajo y La Libertad Avanza. Por ahora, esa historia está por escribirse y seguramente demandará varios volúmenes.
Primero, lo primero: el sistema electoral. Orrego se cerró a las presiones de aliados que le venían mandando mensajes para que flexibilizara las reglas. Dejar la definición de candidatos en manos de los partidos y los frentes electorales, significa que decide el que tiene la lapicera más grande.
¿Quién manda en el oficialismo? La respuesta es obvia. El gobernador tendrá todo el poder para armar listas. Por otra parte, en los departamentos son pocos los que pueden exigir una candidatura.
La lógica será ganar primero, con el candidato único que se designe para ese municipio. Y luego, ya con la intendencia en la mano, distribuir los espacios.
Multiplicar los candidatos por todos lados, al estilo de las primarias o la Ley de Lemas, no va más. Eso también está implícito en el proyecto enviado por Orrego a Diputados.
Para los bloquistas de Luis Rueda, este imperativo puede ser incómodo, cuanto menos. Pero no solo para ellos, sino también para los actuaristas de Rodolfo Colombo, los macristas de Enzo Cornejo, los radicales de Alejandra Leonardo y los militantes de Dignidad Ciudadana, alineados con el ministro Gustavo Fernández.
Peor aún les pega el proyecto a los peronistas. Sin primarias y sin lemas, ¿de verdad van a armar una interna partidaria para destrozarse recíprocamente en busca de una candidatura para recién después confrontar con Orrego? Difícil.
Entonces sí, desde cierto punto de vista se viene una reforma electoral ‘a lo Milei’. Habrá diálogo, por supuesto. Pero la cancha está marcada y las reglas, también.
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