05 Mar 09:37h
El título de la columna es autosatisfactorio. No necesita mayores aclaraciones. ¿Le queda nafta a Cristian Andino para ser el candidato a gobernador por el justicialismo el año que viene? Seguramente habrá varias respuestas, en sentido afirmativo y en sentido negativo.
Lo único cierto es que el peronismo entró en tiempo de descuento para tomar una de las decisiones más cruciales en lo que va del siglo XXI. Está en juego el regreso al poder, tras la caída del 2023.
Es paradójico, pero el resultado electoral del 2025 alimenta las tensiones. Una derrota los hubiera forzado a recalcular estrategias. Pero la victoria obtenida, ajustada, apenas arañando el primer tercio en el reparto final, los puso con expectativa.
La incógnita no resuelta es si el resultado fue por mérito de Andino y ningún otro hubiera logrado la misma performance.
O si, por el contrario, Andino fue beneficiario del núcleo duro histórico del peronismo, nostalgioso de la época pasada.
O si, en otro orden, el triunfo solo fue posible porque se incorporó a Fabián Gramajo en un simbólico tercer lugar, para atar los votos chimberos.
La lista de preguntas insidiosas podría extenderse hasta el infinito. Por ejemplo, cabe sopesar cuál fue la influencia de los intendentes en el resultado. Cada quien sabrá lustrar la chapa que más le convenga.
Pero hay otro factor fundamental en este análisis y es el rol que desempeñó Sergio Uñac como tutor político de Andino. Aún fuera de la conducción partidaria en lo formal, fue artífice de su candidatura frente a los embates de otros pretendientes, como el propio Gramajo y el inagotable José Luis Gioja.
Uñac volvió a demostrar su gravitación interna. Puede que algunos intendentes y diputados del bloque rezonguen bajito, pero a la hora de acompañar siguen prestándole atención a las preferencias del senador y exgobernador.
Por lo tanto, si Uñac le sacara el respaldo a Andino, ¿sería Andino el candidato a gobernador en 2027 de todos modos?
Este es el contexto para entender lo que dijo el histórico Rogelio Mallea este miércoles en Pelado Stream. El dirigente conoce todas las mañas del peronismo. Por eso, ante la pregunta sobre si está bancando a Andino, su respuesta no fue cerrada pero sí muy indicativa.
Dijo que el sanmartiniano genera expectativa y esperanza en los militantes. Pero que todavía falta tiempo para tomar una decisión tan trascendente y -obvio- que el partido tiene una ‘pléyade’ de dirigentes en condiciones de encabezar. Una frase de manual.
Ahora bien, despejando un poco las frases hechas, lo de Mallea fue claro. Está demandando unidad y renovación, como en 2025. El problema es definir quién sintetiza la renovación y si su nombre alcanza para sellar la unidad. O no.
Ahí es cuando asoma la pregunta tabú. ¿Le queda nafta a Andino?
En esta línea de análisis, hay otro factor no menor: nadie sabe cómo terminarán los oficialismos, tanto el nacional como el provincial. Si hubiera una alianza entre Marcelo Orrego y Javier Milei se quebraría el escenario de tercios que se mantuvo hasta el año pasado.
En ese mano a mano, ¿el peronismo podría arrimarse al 50 por ciento necesario para recuperar el poder?
Seguramente sería más difícil que enfrentar nuevamente a los dos oficialismos divididos, porque bastaría poco más del 30 por ciento para ganar la elección. Fue lo que pasó en 2025. Así ganó Andino.
Es cierto que en política no siempre dos más dos es igual a cuatro. Pero la matemática siempre será la matemática.
Por eso habrá celebrado el peronismo la reciente declaración del libertario José Peluc acerca de que pretenden competir solos el año que viene.
De todas maneras, Orrego tiene un canal de diálogo político abierto directamente con Buenos Aires. Si prospera el arreglo, será con Peluc al margen.
PELADO STREAM
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