08 Jul 09:26h
Está claro que sin votos no habrá un segundo mandato de Javier Milei. Eso está fuera de discusión. Pero hay una cantidad de factores que influyen en esa construcción de caudal electoral, que termina siendo el resultado. Uno de los factores centrales es la iniciativa política. Y eso, a Milei, le sobra.
Antes de avanzar en el análisis, cabe hacer nuevamente una aclaración: esta columna no intenta ponderar los atributos presidenciales. Quien firma esta opinión se encuentra en el conjunto bautizado como ‘mandriles’ por la verba injuriosa del líder libertario.
Pero, como periodista, es un deber tomar distancia y aplacar un poco las pasiones para poner blanco sobre negro.
Incluso en el peor de los contextos, con una inflación en alza y con una sumatoria de escándalos de corrupción como $Libra, ANDIS y el Adornigate, enfrentado con universidades, jubilados, discapacidad y hospitales, Milei jamás perdió la iniciativa política.
Su momento de mayor fragilidad fue, precisamente, cuando no consiguió torcer la agenda pública. Milei fue derrotado cuando intentó y no pudo borrar el sainete de Adorni de la conversación.
La salida de Adorni -demorada, pero salida al fin- le trajo un alivio en la agenda mediática cotidiana al presidente. Es inexplicable su empecinamiento de sostener a un funcionario tan manchado. Por eso es que brotaron las especulaciones acerca de los verdaderos motivos de semejante tolerancia. ¿Cuánto sabe Adorni?
Tras la salida del ex Jefe de Gabinete el gobierno se sacó de encima -al menos transitoriamente- una fuente de problemas cotidianos. A eso le sumó una caída inflacionaria de dos meses consecutivos, según la medición del INDEC.
Este dato económico, muy discutido, sigue atado a un cálculo de otro tiempo, cuando no se consideraba el impacto de las tarifas en el presupuesto familiar. El índice de precios al consumidor sigue muy lejos de reflejar la hemorragia de los sueldos.
Pero Milei logró revertir el clima de derrota. Este 9 de Julio en Tucumán reunirá a una docena de gobernadores, entre ellos Marcelo Orrego, para mostrar músculo político.
Habrá quienes digan que es una claudicación libertaria, porque la primera pretensión siempre fue eliminar la dependencia de los aliados. No se pudo, evidentemente.
Sin embargo, estrechar la mano de mandatarios dispuestos a acompañar en el Congreso ahora y eventualmente en un segundo mandato será toda una señal hacia adentro y hacia afuera del país.
El Fondo Monetario Internacional y la Casa Blanca le venían demandando al presidente hace rato que cerrara el frente político. El propio Luis ‘Toto’ Caputo lo dijo en reserva, según la prensa porteña: sin política, no hay economía que aguante.
El gobierno libertario es una usina generadora de temas de discusión de amplio espectro. Para esta conducción, todo es motivo de confrontación. Y así logró consolidar un núcleo durísimo de unos 30 puntos.
Por supuesto ese núcleo es insuficiente. Pero es un buen punto de partida para quien solo necesita superar levemente los 40 puntos para lograr la reelección primera vuelta.
Milei emergió como un dirigente extremo. Desbocado. Irascible. Interpretó y canalizó la frustración popular. Fue el opuesto exacto al gobierno anterior, mucho más que la impostada dureza de Patricia Bullrich.
Como presidente, Milei mantuvo el juego a todo o nada. Entonces, dejó un mensaje de amplio espectro: ¿acaso alguien le pueda ganar con moderación y buenos modales?
Esa es la pregunta que atraviesa a la oposición. Pero es un interrogante que también cruza a las fuerzas provinciales, como Producción y Trabajo.
La compatibilidad con los libertarios no surgió naturalmente, sino que hubo que modelarla a los martillazos. Está todo en proceso.
Por supuesto subirse a la receta libertaria implica un alto riesgo. Es todo o nada. Será todo o nada.
PELADO STREAM


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