Maximiliano Peralta: El hombre de hierro que aprendió a transformar el dolor

13:42h

En el debut del programa Focus Mental, conducido por la psicóloga Isabel Galleguillo, se vivió un encuentro que fue mucho más allá del análisis deportivo. Fue una inmersión en la profundidad del alma humana a través de la historia de Maximiliano Peralta, un atleta sanjuanino cuya vida es el testimonio vivo de lo que significa la resiliencia: ese proceso dinámico de reconstruirse a partir de la adversidad.

Maxi no nació siendo el triatleta de élite que es hoy. Su camino comenzó en las canchas de tierra de una escuelita de fútbol, con el sueño firme, desde los seis años, de ser profesor de educación física. Sin embargo, la vida lo puso a prueba tempranamente. A los 15 años, tras un intento de carrera futbolística en Buenos Aires, regresó a San Juan y se encontró en un momento de vulnerabilidad, rodeado de «malas juntas» y alejado de la escuela. Fue ahí donde los cimientos de su hogar lo salvaron. Como él mismo reflexiona con emoción: «Si yo no hubiera tenido esos pilares de educación que se dan en la casa… hoy no sé si hubiera estado hablando acá».

El triatlón llegó después, casi por casualidad, en su etapa universitaria. Pero el inicio no fue fácil; sin recursos para pagar las cuotas del predio de entrenamiento, Maxi buscaba la forma de escabullirse cuando el guardia se distraía para poder practicar. Su primera bicicleta no fue de carbono ni de alta tecnología, sino una de hierro que costó 600 pesos, comprada con el esfuerzo de su madre. «Para mí representaba la bicicleta», recuerda con nostalgia, reconociendo en su madre a su primer y más importante «sponsor» emocional.

Sin embargo, el verdadero «muro» —ese obstáculo que pone a prueba tanto el cuerpo como la mente— no llegó en una carrera, sino con la pérdida de su madre hace dos años. Maximiliano confesó haber perdido el sentido del entrenamiento, sintiéndose desfallecer en cada práctica. Fue la imagen de las katanas de los samuráis lo que le permitió entender su propio dolor: espadas que no se rompen no por su dureza, sino por su flexibilidad ante el estrés. «Sabía que era algo que tenía que atravesar… y que le tenía que poner la cara y el pecho a la situación porque era muy fácil abandonar», relata sobre ese proceso de duelo y reconstrucción.

Hoy, a pocas semanas de debutar en la distancia «madre» del triatlón, el Ironman full en su San Juan natal, Maxi corre con una filosofía que es su norte: «Solo los obstáculos le dan sentido a los propósitos». Como entrenador, mira a las nuevas generaciones —a menudo llamadas «de cristal»— con una fe inquebrantable, viéndolas como jóvenes que soportan presiones inmensas bajo la mirada constante de las redes sociales.

La entrevista de Isabel Galleguillo nos dejó el retrato de un hombre que ha aprendido que ser un «Ironman» no se trata solo de nadar, pedalear y correr kilómetros infinitos, sino de la capacidad de «metamorfosear el trauma» y convertir cada caída en el combustible para el próximo paso. Maximiliano Peralta no solo entrena el cuerpo; ha forjado, en el fuego de sus propias batallas, una mente inquebrantable.

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Redacción PeladoStream
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