17 Jul 08:20h
El triunfo de la Selección Argentina ante Inglaterra en el Mundial 2026 desató una crisis política interna en la Casa Rosada a raíz de la exhibición de una bandera sobre la soberanía de las Islas Malvinas y las críticas de Lionel Messi sobre la realidad económica nacional. La furia del presidente Javier Milei apuntó contra el titular de la AFA, Claudio Tapia, mientras que el vocero presidencial contradijo públicamente el diagnóstico del capitán del equipo.
Tras el histórico pase a la final, Messi dedicó la victoria a los ciudadanos que sufren la crisis financiera actual. El astro rosarino afirmó: «Es una gran alegría para la gente, porque sabemos que mucha gente no tiene trabajo y no llega a fin de mes». En el despacho presidencial de Balcarce 50, estas palabras fueron interpretadas como un ataque directo a la gestión económica del oficialismo.
La respuesta oficial no tardó en llegar a través del portavoz Adrián Ravier. El funcionario aseguró que el Ejecutivo no comparte la mirada del futbolista y sostuvo: «No coincidimos en el Gobierno con esto de que la gente no llega a fin de mes. No dudo de que hay personas que atraviesan esa situación, pero decirlo de manera general da la sensación de que todos viven la misma realidad». Ravier defendió el rumbo de la administración y descartó medidas para estimular el consumo.
El clima de tensión aumentó por la aparición de una insignia con la leyenda «Las Malvinas son Argentinas» en pleno festejo sobre el césped. El presidente Milei se mostró irritado por el episodio y lo calificó como un gesto de «patrioterismo barato y berreta». Según el mandatario, lo ocurrido en la cancha «no es parte de la diplomacia» y advirtió que la Argentina podría sufrir una sanción económica de la FIFA.
Este escenario expuso fisuras graves dentro del gabinete nacional. Fuentes gubernamentales responsabilizaron a la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, por el manejo de la comunicación previa al partido, cuando anunció la prohibición de banderas alusivas al conflicto bélico de 1982. El entorno de Milei consideró que la sobreexposición de la ministra «arruinó» la estrategia oficial y dejó al Gobierno en una posición incómoda frente al sentimiento popular.
Mientras la Cancillería inició gestiones reservadas para desactivar el conflicto diplomático con el Reino Unido, Milei intentó bajar el tono a la disputa con los jugadores. El mandatario ratificó que la Casa Rosada estará a disposición del plantel para los festejos, aunque aclaró que ningún funcionario formará parte de la foto oficial para evitar que «la política se apropie de esta fiesta».
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