17 Jul 09:28h
Este tipo que habla y escribe se hizo cargo en nombre de todos los que, como él, se reencuentran con el fútbol cada cuatro años y después no miran un partido más ni por equivocación.
Este tipo, que no carga idea, es uno de los millones de argentinos y argentinas que se conmovió con la victoria de la Selección Nacional frente a los ingleses. Y, mucho más, cuando vio desplegarse la bandera en reivindicación de la soberanía sobre las Islas Malvinas.
Es un fenómeno raro, inexplicable. El fútbol tiene una vibración única en este país que logra sincronizar corazones.
Tal vez esa sea la mejor interpretación, esa frase tantas veces dicha, pero no por eso menos cierta: el fútbol es un sentimiento.
¿Acaso a alguien le cambió la vida la Copa del Mundo de Qatar en 2022? ¿Acaso alguien vivió mejor desde entonces? ¿Le aumentaron el sueldo o pudo pagar las deudas? No pasa por ahí, claramente.
O sí. Tal vez los 11 que corren detrás de la pelota en el campo de juego sintetizan la metáfora de todo un país que no se da por vencido, que no admite la derrota aunque las probabilidades digan que no se puede.
Como dijo hace un par de semanas aquí en Pelado Stream la campeona de MTB Inés Gutiérrez: ‘Una lloradita y a seguir’. El deporte funciona entonces como un catalizador de las propias frustraciones pero, fundamentalmente, de la decisión inclaudicable de seguir adelante.
¿Acaso hay algo más argentino que eso?
El fútbol y puntualmente el mundial evocan a nuestros mayores, los que ya no están. El partido frente a los ingleses esta semana remontó a este tipo a su infancia, con apenas 9 años, sentado frente al televisor de pantalla redondeada y dudosa definición.
Por un momento, este tipo volvió a sentir la presencia de su viejo sentado detrás suyo, como en el ’86. Hace 21 años que partió el viejo, pero el miércoles pasado volvió, para gritar el golazo de Enzo y el de Lautaro. Como todos los viejos.
Como todas las viejas también. Esa vieja que recordó casi sin poder hablar entre sollozos Lautaro, convertido ya en un pedazo de la historia argentina.
Y Malvinas. Ese ‘mapita’ prohibido con el consentimiento oficial no se puede borrar por una medida administrativa. Y no, desplegar la bandera, ese trapo pintado en medio del festejo no fue una provocación. Fue el corolario de todo lo que significa ser argentino. Como dice la hinchada: ‘por los pibes de Malvinas que jamás olvidaré’.
Por supuesto nadie cree que ese trapo vaya a cambiar la posición inglesa sobre las islas del Atlántico Sur. Por supuesto la discusión debe seguir por la vía diplomática. Pero nada de esto le quita legitimidad a una manifestación popular. Las Malvinas son, pese a quien le pese, parte de ese patrimonio colectivo irrenunciable.
A esta generación le tocó ver a dos genios de esa inteligencia que todavía poco se entiende: Diego Maradona y Lionel Messi. Cada uno con su personalidad, pero con un talento compartido, un sexto sentido que lograron imprimir milimétricamente en el campo de juego. Dos talentos que se hilvanaron en el tiempo y, voluntaria o involuntariamente se volvieron embajadores de esta patria en cada sitio donde la vida los puso.
Como dijo Ricardo Dillon este jueves en Pelado Stream: ‘Lo de Messi es extraterrestre’. Palabra autorizada para definir al capitán que supo vencer sus propias limitaciones para escalar a la cúspide del mundo. ¡Cómo no ilusionarse!
Este tipo que no entiende nada de fútbol, que no mira fútbol salvo cada cuatro años, que se conmovió el miércoles pasado y se atrevió a escribir esta reflexión, no tiene mucho más que decir. Solo una cosa más. No es solo fútbol. ¡Fútbol, las pelotas!
PELADO STREAM


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