El vino ha muerto

10:36h

El vino ha muerto. Y si no ha muerto, agoniza. Esa fue la médula del mensaje que compartió el ministro de Producción, Trabajo e Innovación, Gustavo Fernández, con un tridente de funcionarios técnicos ante un reducido grupo de periodistas este martes, último día hábil del año.

La mirada, sin embargo, estuvo lejos de ser apocalíptica. La viticultura tiene un horizonte prometedor, siempre y cuando se termine el berretín de elaborar vino. El vino ha muerto. Y si no ha muerto, agoniza.

Hay que clarificar esta licencia periodística (o literaria incluso) para entender el escenario que enfrenta este importante sector de la economía sanjuanina. Todos los números -internacionales, nacionales y provinciales- que maneja y expuso la cartera productiva, señalan lo mismo: una caída sostenida de áreas cultivadas, de litros producidos, de demanda y, finalmente, de precios.

En todas las series históricas -algunas arrancan desde los años ’90, otras desde el comienzo de este siglo- las curvas son descendentes (ver documento al pie).

Hubo una sola excepción: un desvío ocurrido durante la pandemia, cuando el consumo de vino subió repentinamente al compás del ‘quedate en casa’. Pero el Covid 19 pasó y el entusiasmo por el vino, también.

Antes de que los productores y elaboradores exploten de indignación, el ministerio ofreció un panorama muy alentador en torno a la diversificación: las pasas, la uva de mesa y especialmente el mosto no tienen techo. O podrían no tenerlo.

Vaya nuevamente la premisa: el vino ha muerto y si no ha muerto, agoniza. El mundo toma cada vez menos vino, cultiva cada vez menos uva y los precios internacionales ofrecen cada vez menos rentabilidad. Incluso los mercados emergentes que otrora prometían convertirse en los nuevos destinos de las exportaciones se amesetaron.

Tal vez alguien por ahí quiera citar algún ejemplo puntual para contradecir esta tendencia. Seguramente habrá marcas específicas que tienen un gran presente, pero en ningún caso alteran la ola.

Los números oficiales del Ministerio de Producción demuestran que el precio de vinos tintos y blancos marchan acoplados: suben todos o bajan todos, antes o después dibujan la misma curva. Y más allá de las variaciones circunstanciales, la línea histórica siempre tiende a la baja.

La próxima vendimia tendrá un agravante: habrá mayor stock que la temporada anterior, por lo tanto el precio de traslado será insuficiente.

No desesperar. El mosto es la contracara del vino. Tiene menos historia, es verdad. No aparece en la Biblia ni en la mitología griega, es verdad. Pero el mundo está dispuesto a comprar toneladas de este edulcorante natural y de alta calidad.

Argentina le vende alrededor de 40.000 toneladas de mosto concentrado a Estados Unidos, su principal destino de exportaciones. Unas 35.000 toneladas a Japón. Y otras 10.000 toneladas a Canadá. El ranking sigue, pero el podio sirve para entender la magnitud del negocio en el presente.

Más alentador es el pronóstico si se pone en comparación con la serie histórica: Argentina llegó a exportar casi 160.000 toneladas de mosto concentrado entre 2005 y 2009, es decir prácticamente el doble de las 87.000 toneladas exportadas entre 2020 y 2025.

A San Juan este horizonte le interesa sobremanera. La mayor exportación de la provincia es el oro (alrededor del 77%). Muy lejos aparece, en el segundo puesto, el rubro medicamentos (casi el 6%). Y en tercer lugar, sorpresa: las pasas de uva (5%).

Un poco más abajo, el cuarto puesto figura el mosto concentrado (3%). En quinto lugar, la cal (2,9%). Y en sexto lugar, el aceite de oliva (1,4%). El vino está en la bolsa de ‘otros’.

Sin embargo, el ministro Fernández advirtió que el desagregado de la viticultura ayuda a entender que el rumbo inteligente es diversificar. El conglomerado vitícola, contando todos los subproductos de la uva, representa el segundo más importante de San Juan después de la minería del oro.

La potencialidad es enorme, si se logra reconducir el esfuerzo público-privado.

En esta línea, la cartera productiva apunta a quitarle el techo a las exportaciones de mosto a Brasil, ya que hoy está vigente el límite de venta en envases de hasta 5 litros. Es un tiro letal para un producto que se comercializa en grandes volúmenes.

Para avanzar en este acuerdo con Brasil, lógicamente la provincia depende de la buena voluntad y buenos oficios del gobierno nacional.

Otra vía en exploración es aprovechar los tratados chilenos que le abren la puerta a otros destinos del mundo. Cerrar acuerdos de encadenamiento con mosto sanjuanino vía Chile es una línea de acción en curso.

El tratado de libre comercio con Estados Unidos también abre una oportunidad para mejorar los volúmenes exportados desde San Juan.

Pero no todo es mercado externo. También hay una fuerte apuesta al mercado interno, a través de la postergada Ley de Edulcoración. Endulzar con mosto concentrado de uva un amplio abanico de alimentos argentinos -en especial gasesosas y aguas saborizadas- es garantía de demanda.

Y finalmente una idea de larga data pero hasta ahora nunca consumada: envasar jugo de uva para consumo interno en San Juan. El desafío es acostumbrar el paladar.

El vino siempre tendrá su nicho, cargado de historia y romance, brindis, encuentros y charlas interminables. Pero encontró su techo. La lógica indica que hay que abrirse hacia otros horizontes. Los números son inapelables.

PELADO STREAM

Daniel Tejada
hola@peladostream.com.ar
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