29 Jun 09:35h
A esta altura resulta poco discutible que la eyección de Manuel Adorni de la Jefatura de Gabinete fue un despido maquillado de renuncia. Fue una reacción tardía del gobierno de Javier y Karina Milei, luego de 100 días de deterioro público por el inexplicable crecimiento patrimonial del ex vocero presidencial. Fue una decisión del manual para principiantes que la gestión libertaria se empecinó en ignorar durante demasiado tiempo.
Ese manual está escrito hace rato: desde 1513, por lo menos. Ese año Nicolás Maquiavelo concibió El Príncipe. Según el autor que inspiró a los grandes arquitectos del poder, la caída o el sacrificio de un colaborador funciona como un mecanismo natural de preservación del poder central. Los ministros resultan piezas intercambiables y totalmente prescindibles ante una crisis de legitimidad. ¿Hola, Manuel? Fin.
De todos modos, el empecinamiento mileísta con Adorni no es nuevo tampoco. A menudo los gobernantes suelen interpretar que ‘entregar’ un ministro jaqueado por la Justicia y por la prensa se puede interpretar como un gesto de debilidad. Esa pulseada se puede ganar o se puede perder. En caso de derrota, el costo suele ser altísimo.
De escándalos la política argentina sabe bastante. Vale recordar, a esta altura, que el exintendente de Lomas de Zamora, Marín Insaurralde de Cirio, también era Jefe de Gabinete en provincia de buenos Aires y salió eyectado del cargo cuando se filtraron sus fotos en un yate de lujo en Marbella.
Fue el 30 de septiembre de 2023, en contexto preelectoral. Axel Kicillof no titubeó. Estaba en juego su reelección. Insaurralde y su impudicia no eran compatibles con la aspiración de otro mandato en Buenos Aires. Como dijo Milei en campaña: ¡Afuera!
San Juan no escapa tampoco a estas lógicas de ministros-fusibles que viven en la cuerda floja. El exgobernador Jorge Alberto Escobar reveló en Pelado Stream que, en su última conversación con Marcelo Orrego, le aconsejó que oxigene el gabinete. Dijo que «Orrego anda a 200 kilómetros por hora», pero «hay gente de su gabinete que anda a 120» y funcionarios de tercera línea que van a 60.
Orrego todavía no cambió a ningún ministro de los que puso en funciones el 10 de diciembre de 2023 en el Teatro del Bicentenario. Sí hubo algunas modificaciones en segundas líneas.
Su antecesor, Sergio Uñac, tampoco fue amigo de los cambios en el gabinete. Aprendió de José Luis Gioja. El caso más emblemático de empecinamiento con un funcionario tal vez haya sido el de Felipe Saavedra, exministro de Minería.
Saavedra tuvo que tomarse una licencia en 2012 durante un mes y medio cuando fue denunciado por una colaboradora por presunto abuso sexual. La mujer terminó retirando la acusación, utilizando la figura del avenimiento. Es decir, se pusieron de acuerdo entre los dos y retiraron el asunto de la Justicia.
Gioja lo bancó en todo momento, incluso cuando algunas compañeras justicialistas reprochaban en voz baja la decisión política.
Hay un factor adicional que interpela a los gobernantes para retener funcionarios, además de mostrarse débiles frente a la presión externa. Ese factor adicional es que la fidelidad cotiza mejor que la eficiencia. O, dicho en otros términos: no es tan fácil hallarle reemplazo a un funcionario confidente.
Sí, en política, a menudo, la fidelidad cotiza mejor que eficiencia. El problema es cuando ese principio cruza el límite del costo político. Es lo que pasó con Adorni.
PELADO STREAM
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