25 Jun 07:57h
La Cámara de Diputados de la Nación dio media sanción al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones en Nuevas Industrias, más conocido como «Súper RIGI». Esta iniciativa, aprobada con 130 votos afirmativos, no solo busca transformar la estructura productiva del país, sino que ha sido señalada por la oposición como una legislación «con nombre y apellido» diseñada específicamente para atraer los capitales de magnates tecnológicos como Peter Thiel, cofundador de PayPal y Palantir, quien actualmente reside en Buenos Aires.
A diferencia del RIGI convencional, que se enfoca en sectores extractivos tradicionales, el Súper RIGI apunta exclusivamente a tecnologías de frontera que aún no existen a escala comercial en Argentina, sectores donde las empresas de Thiel —como Palantir y Anduril— son líderes globales.
- Sectores estratégicos: El régimen cubre desarrollos de inteligencia artificial, centros de datos (data centers), fabricación de baterías de litio, electromovilidad, energías renovables y proyectos vinculados a la cadena de valor del uranio.
- Umbral de inversión: Los proyectos deben superar un piso mínimo de USD 1.000 millones, una cifra que el Gobierno considera necesaria para generar un «salto estructural» en la economía.
- Compromiso inicial: Se exige el desembolso de al menos el 20% de la inversión total dentro de los primeros dos años de adhesión.
Beneficios fiscales y tributarios agresivos
El Súper RIGI ofrece condiciones significativamente más ventajosas que el régimen general, buscando competir con otros mercados globales por el capital de riesgo.
- Alícuota reducida de Ganancias: El impuesto se fija en un 15%, diez puntos por debajo del 25% que establece el RIGI para otros sectores.
- Dividendos: La carga sobre la distribución de utilidades se reduce a apenas el 3,5%.
- Amortización acelerada: Permite deducir el costo de inversiones en bienes muebles y obras de infraestructura de forma veloz: 60% el primer año y 20% en cada uno de los dos siguientes.
- Quebrantos impositivos: Se otorga la posibilidad de deducir pérdidas sin límite temporal y transferirlas a terceros tras cinco años.
- Cargas sociales: Se establece una alícuota única del 10% para las contribuciones patronales de nuevos empleados.
Blindaje jurídico y aduanero por tres décadas
Para inversores como Thiel, que ha expresado su preocupación por la sostenibilidad a largo plazo del «experimento libertario», el régimen ofrece garantías de estabilidad excepcionales.
- Estabilidad normativa: El Estado garantiza que las reglas tributarias, aduaneras, cambiarias y de seguridad social no cambiarán durante 30 años.
- Comercio exterior: Se asegura arancel cero para importaciones de bienes de capital y 0% de retenciones a las exportaciones de los productos generados.
- Arbitraje internacional: Ante cualquier controversia con el Estado, las empresas podrán recurrir a tribunales internacionales, una medida criticada por la oposición como una «cesión de soberanía».
La conexión con el «Momento Manhattan»
Analistas y legisladores han vinculado esta arquitectura legal con las reuniones que Thiel ha mantenido con el presidente Javier Milei y su asesor Santiago Caputo.
El régimen parece encajar con el interés de Thiel por convertir a Argentina en un hub de IA y tecnología atómica, aprovechando el capital humano local y la apertura regulatoria total.
Mientras el oficialismo defiende que estos incentivos son necesarios para salir de la «cavernicolandia» económica, críticos como Victoria Tolosa Paz y Néstor Pitrola denuncian que el proyecto transforma al país en un «enclave colonial» al servicio de intereses tecnológicos externos.
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