Rosana Fiheroa: Los secretos detrás del protocolo

07:15h

Desde muy pequeña, en las galerías de una escuela de Caucete, la locutora sanjuanina Rosana Fiheroa sentía un impulso irrefrenable por hacerse escuchar y le pedía a su madre que intercediera ante la maestra para que le asignara poesías en los actos escolares. Aquella niña que recorría los pasillos luciendo sus trenzas y moños blancos ignoraba las miradas de quienes la llamaban «agrandada» o «intrusa», respondiendo para sí misma con orgullo: «Sí, soy yo. Soy esto».

Años más tarde, tras consolidar su vocación en la animación de festivales, elecciones estudiantiles y convertirse en la locutora oficial de Casa de Gobierno, desnudó su trayectoria y sus emociones más profundas en el programa ¡¿Quién sos?!, conducido por Celeste Williner en Pelado Stream.

Criada en una familia humilde de zona rural donde su padre mojaba la semita en el mate cocido y se comía directamente de la olla con cuchara, Rosana observaba a su madre trabajar a la par de su progenitor en la finca. Comprendió temprano que la educación le abría las puertas a un camino distinto al trabajo de campo, aprovechando la oportunidad brindada por el esfuerzo de sus padres. En la actualidad, con sus padres aún con vida y llenos de orgullo por sus logros, suele decirle entre risas a su padre: «Salí igual que vos».

En el ambiente formal se suele percibir al protocolo como una estructura rígida y distante, pero Figueroa derriba esa idea de manera categórica: «El protocolo no se rompe, se cumple o no se cumple». Para ella, el protocolo actual se enfoca en ordenar y organizar la comunicación para defender la identidad y lograr transmitir el mensaje con claridad.

Además, promueve un protocolo emocional que desafía las convenciones y permite manifestar la sensibilidad en cámara sin perder el profesionalismo: «¿Por qué no llorar en cámara? ¿Por qué no dejarte mostrar la sensibilidad que uno tiene y poder ser uno ordenado?».

Asimismo, cuestiona las estrategias de campaña política que hacen cantar o bailar a candidatos dentro de las instituciones afectando su credibilidad, señalando que en la actualidad «ya no se trabaja la marca, se trabaja la huella: quién sos», lo que imposibilita sostener un personaje fingido a lo largo del tiempo.

A lo largo de su carrera, Rosana comprendió que su verdadera pasión no residía únicamente en el micrófono, sino en el poder transformador de la palabra para construir. Desde hace aproximadamente cinco o seis años dicta capacitaciones de oratoria destinadas a mujeres adultas, jóvenes e incluso niñas de 6 y 7 años, buscando desarmar mandatos históricos como «calladita sos mejor, tu opinión no vale o esperá tu turno».

Su objetivo es ofrecer contención entre pares para que las participantes superen el silencio y encuentren su propia voz. La urgencia de esta misión se profundizó tras la pandemia de COVID-19, período doloroso en el que la restricción de visitas a Caucete y las angustiantes videollamadas donde su madre se despedía la confrontaron con la finitud humana y su necesidad de contacto físico.

Tras superar esa etapa trágica como sobreviviente, adoptó la premisa de la oratoria consciente, advirtiendo sobre el impacto cotidiano de las palabras en el hogar al recordar que «hay palabras que duelen más que los golpes» y rechazando a los «suicidas de la palabra» que se justifican en una sinceridad desmedida sin reparar en el dolor ajeno. En este enfoque, el silencio adquiere un rol fundamental en la comunicación para evitar dañar al otro y reflexionar antes de hablar.

Respecto al temor a exponerse en público, la comunicadora desmitifica las promesas de eliminar la ansiedad: «Ustedes no tienen que perder el miedo a hablar en público; tienen que dominar el miedo. Porque si ustedes pierden el miedo a hablar en público, ustedes pierden la responsabilidad que tienen con ese público».

Explicó que sentir esos nervios iniciales demuestra el respeto y compromiso genuino hacia los oyentes. Ella misma experimentó esas inseguridades al retornar al ámbito comunicacional, pero aprendió a procesar las críticas y los comentarios hirientes de las redes sociales —donde considera que la palabra escrita resulta más dañina por carecer de la expresividad de la oralidad y ser leída según el estado de ánimo del receptor.

Tras su paso por la función pública, afirma encontrarse en una etapa de plenitud personal en la que sostiene: «Estoy en una etapa donde estoy segura que si me caigo puedo volverme a levantar».

El principal pilar emocional en la vida de Rosana es su nieta Delfina, quien toma clases de oratoria con ella e invita a nuevas asistentes a sus talleres. Además, su vocación de servicio se refleja en su segmento de Instagram Idas y vueltas, iniciado en pandemia para visibilizar historias de vida de personas comunes de San Juan.

Entre los relatos más conmovedores, recordó la vivencia de una mujer que fue víctima de una agresión sexual en la plaza Monseñor Di Stéfano tras llegar a la terminal de ómnibus y que, tras años de guardar un doloroso silencio, logró romper su bloqueo en los talleres, valorar su autoestima y culminar una carrera universitaria.

Rosana Figueroa reafirma su compromiso de seguir multiplicando voces y se prepara para el reinicio de su segmento en redes, el lanzamiento de un nuevo programa radial el 21 de septiembre de 15:00 a 17:00 horas y la publicación de un libro que compilará estas valiosas historias de superación.

PELADO STREAM

Redacción PeladoStream
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