14 Sep 09:47h
Funcionó como un recordatorio el tuit del gobernador catamarqueño, Raúl Jalil, el viernes por la tarde, acerca de la carta más potente que juegan los mandatarios provinciales en ocasión electoral: el tiempo.
El tiempo es efectivamente la carta más estratégica que tiene Marcelo Orrego. Cuenta con otras herramientas, por supuesto. Pero el tiempo es la única que depende exclusivamente de él y puede jugarla cuando y como mejor se ajuste a su plan reeleccionista.
Nótese que, aunque el gobernador todavía no lo haya confirmado, todo el ecosistema político da por sentado que buscará un segundo mandato. Pero -y perdón por la redundancia- él medirá los tiempos para lanzar oficialmente la campaña.
No es ninguna originalidad suya, por cierto. Es una facultad inherente al titular del Poder Ejecutivo. Así como Sergio Uñac llamó a votar en mayo de 2023, alejadísimo de la elección presidencial, es de esperar que Orrego haga lo mismo cuatro años después.
Las razones son diferentes, pero tienen un punto de contacto. A Uñac le tocaba compartir espacio con el gobierno nacional de Alberto Fernández y Sergio Massa en un contexto de impopularidad por la inflación fundamentalmente.
A Orrego no le toca compartir espacio con el gobierno nacional. No todavía. Pero esa conversación abierta con los libertarios lo obliga a medir cuidadosamente los pasos siguientes para evitarse el efecto ‘mochila de plomo’.
Sin embargo, el factor tiempo no solo contempla lo nacional sino también lo provincial. El oficialismo debería tener su interna mucho más ordenada que la oposición, en tanto y en cuanto hay una conducción monolítica para disponer el armado de listas sin mucho margen para el pataleo.
En el peronismo, esa conducción está mucho menos nítida. Si algo necesita el peronismo para ordenar las tensiones internas es precisamente tiempo. Cuanto antes sean las elecciones en San Juan, menos plazo tendrá la oposición para acomodar sus piezas.
No es una afirmación caprichosa, en absoluto. Mientras el presidente del partido, Juan Carlos Quiroga Moyano, está bregando por la lista de unidad, el miércoles pasado en Pelado Stream el intendente Carlos Munisaga pidió abrir el juego de las internas. Y ratificó su alianza política con Fabián Gramajo.
Mientras tanto, Cristian Andino sigue recorriendo la provincia para mantener instalada su precandidatura a gobernador, que todavía no anunció pero todos dan por descontada. Y el giojista Facundo Perrone salió de Rivadavia para intentar subirse a esta carrera. Como reza la sabiduría popular, nadie tiene la vaca atada.
El peronismo necesita tiempo. Los peronistas necesitan tiempo. Tanto en lo provincial como en lo nacional. En lo nacional tienen todavía una ventaja, que aquí perdieron durante su última gobernación: las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias.
El PJ está defendiendo a capa y espada en el Congreso las PASO que La Libertad Avanza intenta eliminar. En San Juan esa opción se liquidó en 2023 y revivió la Ley de Lemas bajo el nombre SIPAD.
Pero Orrego ya anunció que eliminará el SIPAD y las internas serán cuestión de los partidos políticos, como antaño. De todos modos, el nuevo Código Electoral sigue siendo un misterio. Su articulado sigue retenido en la Gobernación. ¿Por qué? Porque está en juego esta carta fundamental: el tiempo.
Mientras más demoren las reglas y más se anticipen las elecciones provinciales, menos tiempo tendrá la oposición para resolver sus nuevos liderazgos.
Orrego no tendrá ese problema, porque le toca gobernar y su conducción no admite discusión dentro de la alianza que lo llevó al poder en 2023. Pero tiene otros desafíos.
El primero es la gestión, lógicamente. Ningún gobernador podría aspirar a la reelección sin alcanzar un piso de aprobación. Con eso no alcanza tampoco.
Tendrá que medir puntillosamente los tiempos políticos también. Encarar el 2027 enfrentado con La Libertad Avanza en lo provincial sería correr un elevado riesgo de división del mismo voto. La división de los oficialismos siempre será funcional al PJ.
Pero atarse apresuradamente con La Libertad Avanza también tendría alto riesgo, porque Orrego se estaría subordinando a la suerte del propio Javier Milei. El presidente no transita por su mejor momento en las encuestas. Si puede repuntar o no, es otro misterio.
Entonces Orrego debe meditar cuándo jugar su as de espadas. El tiempo, en política, es una carta estratégica. Pero ojo: no admite errores. Cuando eso sucede, se paga caro.
PELADO STREAM
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