06 Ago 09:21h
Marcelo Orrego destrabó dos fuentes de financiamiento importantes que deberían darle un giro de 180 grados a su gestión, hasta ahora marcada por la austeridad y las restricciones, tanto por la caída de las partidas discrecionales de Nación como por el derrumbe de la coparticipación federal.
Ambas fuentes son la emisión de deuda por hasta 600 millones de dólares y el acuerdo por 250 millones de dólares no reembolsables y no compensables que acaba de suscribir con Vicuña.
La primera mitad de la gestión orreguista estuvo marcada por el ajuste impuesto por la motosierra libertaria, que redujo entre un 40 y un 50 por ciento los recursos de origen federal que recibía la provincia hasta diciembre de 2023.
El impacto se sintió no solo en la obra pública sino en programas de todo tipo y en los subsidios al transporte y la energía que debió sustituir el Estado sanjuanino con fondos propios.
Si bien el electorado votó por el cambio hace tres años y avaló en las urnas el ajuste, las vacas flacas no podrían extenderse indefinidamente.
El latiguillo de ‘la gente no llega a fin de mes’ suena cada vez más fuerte. Al menos a nivel nacional las encuestas empiezan a mostrar números amenazantes para la continuidad. En lo local hay números para todos los gustos.
El mejor argumento del peronismo para regresar al poder será rememorar la época de la gran obra pública y el comercio lleno.
Con matices, Orrego logró sostener el statu quo. Mantuvo el ritmo de obra pública incluso en ámbitos que le correspondían a Nación, como el anillo interno de Avenida Circunvalación, el Acceso Sur y el Acceso Este.
A diferencia de Javier Milei, Orrego entiende que la obra pública no es el demonio. Por el contrario, es un recurso válido para dinamizar la economía a través de la generación de puestos de trabajo directos e indirectos. Inyecta millones de pesos en el mercado interno a través de salarios que van al consumo sin escalas.
Como la provincia perdió la mayor parte del financiamiento nacional desde diciembre de 2023 y nada indica que eso vaya a cambiar antes del 2027, entonces el gobierno orreguista diseñó otras fuentes de ingreso que permitan generar un microclima optimista alimentado con millones de dólares.
Todo -o la gran mayoría- irá a obras de infraestructura que antaño se financiaban con recursos federales. En lo sucesivo los recursos vendrán del sector privado internacional.
Los bonos de deuda avalados por JP Morgan y el Banco Santander ya fueron presentados en Londres, Boston y Nueva York, con la expectativa de pagar una tasa por debajo de los dos dígitos que comprometa lo menos posible la solvencia del Estado.
Alto desafío, teniendo en cuenta que la garantía es la coparticipación. Sin embargo, todo el andamiaje se basa en la proyección de prosperidad sanjuanina vinculada al cobre.
El mismo cobre que le significó a Orrego la oportunidad de abrochar un desembolso de 250 millones de dólares de parte de Vicuña, de manera anticipada a la puesta en producción de la mina. No es un anticipo de regalías ni de ninguna otra naturaleza.
Eso le da su carácter inédito: siempre se conformaron fideicomisos mineros con destino específico, pero fueron a posteriori de la puesta en producción de las minas respectivas, ya sea Veladero o Gualcamayo.
Vicuña no solo aportará regalías del 3 por ciento del valor de facturación bruta, más el 1,5 por ciento adicional para infraestructura, sino que de manera anticipada hará el desembolso de 250 millones que no se podrá imputar a ningún otro concepto, ni descontar de ningún otro ítem.
Para Orrego, desbloquear estas fuentes de financiamiento significará engordar las vacas flacas. Justo en la víspera del 2027, en la antesala del plebiscito más importante de su carrera política.
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