05 Ago 09:25h
Cuando el gobernador Ricardo Quintela dijo esta semana en un medio porteño que si gana el peronismo se revisarán todas las inversiones y habrá expropiaciones a mansalva, más de un peronista habrá tragado saliva.
Será muy difícil volver al poder en San Juan si el discurso nacional es que cada dólar captado, por ejemplo en la minería, será revisado y susceptible de revocación. Un disparate. Seguridad jurídica salió del grupo.
No fue la primera de Quintela. Ya viene con una serie de maniobras reñidas con lo aceptable fuera de su tierra riojana. Por ejemplo, cuando intentó rediscutir el límite con San Juan para morder una tajada de las regalías del cobre de Vicuña.
En La Rioja habrá cosechado una ovación por esa patriada extemporánea. En San Juan forzó a sus compañeros peronistas a acompañar la resistencia de Marcelo Orrego.
Del otro lado de la grieta también hay razones de fastidio. Cuando el gobierno de Orrego sondea las posibilidades de un frente electoral con Javier Milei que evite la dispersión del voto no peronista, el presidente se encarga de dinamitar la relación con Brasil a fuerza de insultos hacia Lula.
Huelga explicar la importancia que tiene Brasil para las exportaciones de San Juan. El vecino gigante es el comprador número uno de las pasas de uva sanjuaninas, además de grandes volúmenes de aceite de oliva, aceitunas, ajos, uva en fresco y vinos.
El ministro de Producción, Gustavo Fernández, tendrá que desplegar sus facultades de equilibrista para minimizar el impacto político de los exabruptos de Milei y separar lo comercial, en resguardo de los intereses económicos de la provincia.
Al mismo tiempo, el funcionario orreguista tendrá que privarse de cuestionar la verborragia presidencial, porque sería tanto como clausurar los esfuerzos de acercamiento electoral.
Pragmatismo, pragmatismo y pragmatismo. Parece ser el signo de los tiempos, en ambos cuarteles de la grieta.
El peronismo este año tuvo que sumarse a la declaración formal de la Legislatura en contra de la pretensión territorial de Quintela, otorgándole a Orrego una victoria política fabricada por el gobernador riojano.
Todo esto sería un episodio perdido en el archivo, si el propio Quintela no se encargara de mantenerse en los primeros planos. El fin de semana pasado recibió a Máximo Kirchner en ocasión del aniversario del asesinato de monseñor Enrique Angelelli y, un día después, amenazó con expropiar todo lo que haya que expropiar en caso de retomar el control de la Casa Rosada.
Para el senador Sergio Uñac y para el exgobernador José Luis Gioja, aquella estrofa de la marcha peronista que dice ‘combatiendo al capital’ nunca fue opción. Por el contrario, entre ambos construyeron una política de Estado en torno de la captación de inversiones para la gran minería metalífera.
Por supuesto siempre estará la posibilidad de patear la pelota fuera de la cancha y decir que Quintela solo se refería a la ley libertaria que pretende liberar la venta de tierras a extranjeros. Sí, dale.
A los dimes y diretes del gobernador riojano, el peronismo sanjuanino le debe sumar el sainete de los Kirchner y Axel Kicillof. En este caso, la salida es el tiempo. El tiempo que acomoda las cargas.
Para alivio del PJ, a Orrego le toca un desafío parecido con Milei, si es que terminan firmando un pacto electoral.
Como van las cosas, el desdoblamiento de las elecciones en San Juan sería, para Orrego, una estrategia defensiva. Una apuesta a provincializar y despegarse todo cuanto sea posible del vendaval nacional que, por momentos, se puede volver inmanejable.
Pero el desdoblamiento de las elecciones en San Juan sucedería también a pedir de boca del peronismo, cuando el desorden nacional habilita una especie de ‘vale todo’. En ese juego, nadie descarte que aparezca Quintela en una fórmula y deban militar su voto aquí.
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