María Elina: Una historia escrita en pentagrama

14:50h

La vida de María Elina Mayorga comenzó a sonar mucho antes de que las letras tuvieran sentido para ella. Antes de ingresar al jardín de infantes, ya le pedía a su madre estudiar piano. En una pequeña casa a la vuelta de su hogar, una profesora particular le abrió las puertas de un universo que la acompañaría para siempre.

Como no sabía leer ni escribir, su maestra utilizaba una pedagogía de ternura: «Me dibujaba en el pentagrama las notas y me ponía dibujitos al lado. Me dibujaba un sol, me dibujaba una muñeca… y así con esos recursos me enseñaba el nombre de las notas».

Esa niña que aprendió música por imágenes recorrió luego todas las etapas institucionales hasta llegar a la agrupación coral sanjuanina, marcando el inicio de un camino sin retorno hacia la excelencia.

La audacia de la juventud y el legado de Petracchini

A los 17 años, mientras cursaba la secundaria, María Elina ya formaba parte del Coro Universitario bajo la dirección del legendario Juan Argentino Petracchini. Formó parte de giras épicas por Estados Unidos y América Latina, en una época donde el apoyo al arte permitía lujos hoy impensados. Sin embargo, su destino como directora se selló cuando Petrachini la instó a hacerse cargo del Coro Beruti. «Empecé a dirigirlo, era un grupo muy heterogéneo y yo dije: ‘¿qué hago acá?’. Y le digo a Petracchini: ‘¿qué hago acá?’. ‘No, no, no, yo ya dije que sí’, me respondió». Aquella responsabilidad, asumida con apenas 18 años en una precaria casa de familia en Santa Lucía que luego el terremoto derribó, fue el nacimiento de una de las trayectorias más sólidas de la provincia.

El sacrificio de la formación y el rigor del oficio

Su crecimiento no fue producto del azar, sino de un esfuerzo personal titánico. Siendo muy joven, viajaba sola en ómnibus a Buenos Aires para tomar clases particulares con el maestro Antonio Russo. «Llegaba a las 8 de la mañana, tomaba clases toda la mañana del sábado… observaba sus ensayos, tomando notas, registros en las partituras, aprendiendo como una esponja». Ese espíritu de «auto becada» la llevó a estudiar incansablemente y, más tarde, a traer a esos maestros a San Juan para multiplicar el conocimiento. Hoy, tras 53 años al frente del Veruti, reconoce que su fortaleza nació de esa búsqueda constante: «Tomé esa audacia con muchísima responsabilidad. Haber estudiado siempre desde el primer momento ha sido lo que marcó mi vida».

El dolor de la excelencia y el milagro de cantar

Dirigir un coro de prestigio internacional como el Veruti conlleva una carga emocional que María Elina no oculta. A pesar de las décadas de experiencia, confiesa que decirle que no a un aspirante sigue siendo una herida abierta: «En 53 años nunca superé el dolor de decirle a alguien que no, porque sé que van con la ilusión de ingresar. Estoy frustrando una ilusión y se los digo con el mayor de los respetos y desde lo más profundo de mi corazón».

Para ella, el canto coral es un mundo «increíblemente maravilloso» que exige disciplina y memoria musical, pero que devuelve una madurez vocal que hoy posiciona a San Juan en los escenarios más prestigiosos del mundo.

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Redacción PeladoStream
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