29 Abr 17:36h
El Papa Francisco, en su Encíclica “Fratelli Tutti”, nos aporta valiosas enseñanzas para hacer “la mejor política”, que considero necesario recordar ahora, como modesto homenaje a su legado, en el primer aniversario de su fallecimiento.
Podemos decir que “gobernar” es una forma de ejercer poder. La mala política ejerce el poder para perjudicar a la sociedad y beneficiar a unos pocos. La buena política ejerce el poder para ponerlo al servicio del Bien Común.
Francisco en “Fratelli Tutti”, párrafo (154), nos dice que “para hacer posible el desarrollo de una comunidad mundial …. hace falta la mejor política puesta al servicio del verdadero bien común”.
¿Cómo se logra la “mejor política”? Para intentar responder esta pregunta podemos estudiar a un sistema político en función de tres dimensiones: una dimensión organizativa, una dimensión normativa y una cultural: la dimensión organizativa son las formas que toman las estructuras de gobierno (por ejemplo: unitarias o federales; la dimensión normativa son las constituciones, leyes y normas legales; la dimensión cultural son los valores y creencias preponderantes en la sociedad, que modelan los comportamientos sociales.
A mi juicio, hasta ahora, la evidencia histórica parece indicar que la dimensión cultural es la más importante de las tres. En efecto. Puede verificarse que en países donde imperan culturas de respeto al medio ambiente, de amor al prójimo y de valoración del trabajo y la conducta honesta, existe buena y equitativa calidad de vida, independientemente de si sus estructuras de gobierno son unitarias o federales o si sus sistemas normativos son frondosos o simples.
Francisco entiende la importancia de la dimensión cultural cuando advierte, en el párrafo (14) de su Encíclica, el peligro de “las nuevas formas de colonización cultural” y agrega que “los pueblos que enajenan su tradición y, por manía imitativa, violencia impositiva, imperdonable negligencia o apatía, toleran que se les arrebate el alma (su cultura), pierden su fisonomía espiritual, su consistencia moral y, finalmente, su independencia”.
A los efectos de encontrar la manera de hacer “la mejor política” desde la dimensión cultural, gran parte de la sociedad occidental adoptó los valores definidos a partir de la Revolución Francesa de 1789: “Libertad, Igualdad y Fraternidad”.
A mi juicio, la política que se desarrolló a partir de ese hito de la Revolución Francesa, se enfocó casi exclusivamente en algunos de los dos primeros valores e ignoró o no entendió el tercer valor, que creo es el más importante, que es el de la fraternidad. Algunos priorizaron la “libertad” y así nacieron las ideologías liberales. Otros priorizaron la “igualdad”, de donde provienen las ideologías socialistas. Pero casi ninguno consideró los tres valores en conjunto, sobre todo el de la “fraternidad”. Este es el gigantesco aporte que Francisco hace a la política en “Fratelli Tutti”. Procuraré fundamentar un poco más esta aseveración.
Para los liberales, la “libertad” es la facultad o capacidad del ser humano de actuar según sus valores, criterios, razón y voluntad, sin más limitaciones que el respeto a la libertad de los demás. Esto, que en teoría parece bueno, en la práctica termina conspirando contra el valor de la “igualdad”. La práctica de privilegiar las libertades individuales y la libertad de mercado nos está llevando a que en el Siglo XXI están surgiendo las sociedades más desiguales de la historia: según informan algunas ONG´s como OXFAM, hoy en día, el 1% más rico de la población mundial posee la mitad de las riquezas del mundo.
Francisco, en los párrafos (21 y 22) de su Encíclica denuncia que “mientras una parte de la humanidad vive en la opulencia, otra parte ve su propia dignidad desconocida, despreciada y pisoteada y sus derechos fundamentales ignorados o violados”.
Los socialistas, por su parte, valoran la igualdad, sobre todo en sus aspectos económicos. De ese modo, más de una vez afectan las libertades individuales de emprender actividades productivas lícitas. En versiones más “duras”, directamente llegan a impedir la propiedad privada de los medios de producción, como ocurrió en la ex URSS.
En definitiva, el liberalismo enfatiza en el valor de la libertad, pero pone en riesgo la igualdad. Por su parte, el socialismo enfatiza en la igualdad económica, llegando a afectar a la libertad. ¿Cómo hacer para compatibilizar los valores de “Libertad” e “Igualdad” sin que se afecten o se anulen mutuamente? A mi juicio, la respuesta está en el tercer valor, el de la “Fraternidad”, cuya importancia resalta la Encíclica de Francisco y que creo debe entenderse, no solo como amistad sino, fundamentalmente, como amor al prójimo. ¿Por qué?
Francisco, en el Párrafo (180) de su Encíclica, nos convoca “a rehabilitar la política, que es una altísima vocación, es una de las formas más preciosas de la caridad porque busca el bien común”. Si entiendo por “caridad” hacer el bien sin esperar nada a cambio, es casi obvio que para ser caritativo tengo que amar al prójimo, lo que me lleva a concluir que, en el criterio de Francisco, la Fraternidad implica no solo amistad social sino, básicamente, amor.
En definitiva, podemos decir que el genial aporte de “Fratelli Tutti” a la política es poner de relieve la importancia de la caridad política, del amor al prójimo, de la fraternidad. Esta caridad nos ayudará a corregir los errores de los humanos haciendo política, dejando de lado nuestras ambiciones individualistas para buscar el bien común. En palabras de Francisco: “nadie puede pelear la vida aisladamente; se necesita una comunidad que nos sostenga, que nos ayude y en la que nos ayudemos unos a otros”
Para finalizar su aporte a la política, Francisco, en “Fratelli Tutti”, afirma que “el político es un hacedor, un constructor con grandes objetivos”. Por eso, “las mayores angustias de un político no deberían ser las causadas por una caída en las encuestas, sino por no resolver el fenómeno de la exclusión social y económica”. Ojalá todos entendamos y apliquemos estas enseñanzas de “nuestro” Papa.
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