La columna de Del Bono: La importancia de las universidades en el desarrollo nacional

07:31h

Argentina necesita desarrollarse económicamente. ¿Cómo lograrlo? La experiencia mundial nos enseña que, en general, los países de mayor desarrollo en los últimos cien años han sido aquellos que apostaron a la utilización del conocimiento, incorporado a la población en forma de altos niveles de capacitación técnica y profesional e incorporado a la producción en forma de tecnología innovadora.


Un trabajo clásico al respecto es el de Robert Solow, premio Nobel de Economía 1987, que midió las fuentes de crecimiento económico en los Estados Unidos, en el periodo 1909 – 1949, y encontró que más de la mitad de este crecimiento podía explicarse por el aporte de conocimiento. Esta fue una de las razones para que Peter Drucker (reconocido por muchos como el padre del management moderno), en su libro “The Age of Discontinuity”, de 1969, afirmara que estábamos ingresando en “la Sociedad del Conocimiento”.


¿Cómo se aplica esta evidencia a la realidad argentina? En los últimos tiempos, los “motores” del desarrollo en los planes nacionales, pasan, en una gran proporción, por la actividad agropecuaria y las vinculadas a la energía (sobre todo petróleo y gas del Yacimiento “Vaca Muerta”) y a la minería. Más allá de que, como sanjuanino, me alegro de la importancia que se le otorga a la minería (siempre que ésta se realice con todos los recaudos ambientales necesarios), considero necesario formular la siguiente advertencia: si estamos en la sociedad del conocimiento, es poco probable que nuestro desarrollo se logre con la clásica actitud argentina de producir materia prima (en el caso de la minería, por la actividad simplemente extractiva); por el contrario, habrá que redoblar esfuerzos y tener un cambio de actitud para que la proporción de riqueza que permanece en la región aumente de manera significativa, procesando el mineral localmente en lugar de exportándolo en bruto.

Cualquiera que consulte una Inteligencia Artificial se encontrará con que en el ranking actual de los diez países con mayor PBI per cápita, no existe ninguno que base su riqueza exclusivamente en producción y comercialización de materias primas sin agregar valor.


Y para que esto sea posible, como ya dije anteriormente, hace falta, entre otras cosas, altas dosis de conocimiento aplicado. ¿De dónde sale ese conocimiento y cómo se incorpora a la mano de obra técnico – profesional y al sistema productivo? En países como Argentina, mucho de ese conocimiento es el resultado de las actividades científicas y tecnológicas de las universidades, sobre todo las estatales, que también están a cargo de la formación técnico profesional.


Algunos pueden argumentar que es posible importar conocimiento, en cuyo caso disminuiría enormemente la importancia de las universidades nacionales. Pero la triste realidad es que, si la utilización del conocimiento es lo que otorga ventajas competitivas relevantes y riqueza nacional significativa, el conocimiento de punta, aquel cuya utilización puede marcar la diferencia entre países y empresas exitosas globalmente y las que no lo son, no va a estar a libre disposición, ni de nuestro país ni de nuestras empresas.

Si adoptamos la actitud de importadores de conocimiento tendremos que resignarnos a adquirir y utilizar conocimiento “de segunda mano”, que tal vez nos permita ser “seguidores”, pero que nunca nos va a posibilitar ser “pioneros”

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Redacción PeladoStream
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