06 Abr 07:15h
Desde su creación en 1956, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) ha sido un motor clave para el crecimiento del sector agroindustrial argentino que, según la inteligencia artificial (IA), representa alrededor del 20% del PIB argentino y aportó, en el 2024, 6 de cada 10 dólares que ingresaron al país en concepto de exportaciones.
Sus aportes de conocimiento, producto de la investigación científica y la extensión territorial, son una contribución relevante para mejorar la competitividad y la sostenibilidad del campo. Sin embargo, recientemente, Eduardo Porto, periodista de ciencia y tecnología y editor del portal @periferiacts, informó que el Gobierno Nacional puso en marcha un plan de “retiros voluntarios” en el INTA, para deshacerse de 1.500 empleos, que representan el 25% de la planta total.
Creo que esta medida gubernamental es enormemente nociva para el INTA y para el país, por dos razones que resumo a continuación.
La primera razón tiene que ver con el conocimiento en si mismo, que es lo que produce y difunde el INTA. Éste puede ser “explícito” o “implícito” (conocido también como “tácito”). El “conocimiento explícito” es el que se puede codificar y almacenar en algún soporte con forma de manual, libro, plano o archivo digital; se puede trasmitir y transferir fácilmente, por medio de Internet.
El “conocimiento implícito”, en cambio, no se puede codificar (o es muy complejo hacerlo), porque son las habilidades (el “saber cómo” hacer algo), que se utilizan de forma intuitiva e inconsciente y que se adquieren mediante la propia experiencia. Al no poderse codificar, el conocimiento implícito es imposible de almacenar y solo puede transferirse mediante la interacción personal.
Por esta razón, el INTA puede conservar su conocimiento explícito, pero si se deshace de 1.500 empleados, el conocimiento implícito, fruto de los 70 años de rica experiencia de esa institución, se va con ellos. Pésimo negocio para el INTA y el país: ahorro de 1.500 sueldos, versus la pérdida de un valiosísimo capital humano, mucho del cual se puede ir al exterior, con lo cual, muchos años de esfuerzo nacional terminará apoyando al desarrollo de otros países, más hábiles que nosotros para gestionar recursos humanos de excelencia.
La segunda razón por la que creo que esta medida de “retiro voluntario” es perjudicial para el INTA tiene que ver con la “motivación laboral”. ¿Qué cosas, además del salario, motivan a las personas para tener desempeños eficientes y de calidad en su trabajo?
Teresa Amabile y Frederick Herzberg, entre otros destacados científicos, investigaron en busca de respuesta a esta pregunta. Sus conclusiones fueron bastante parecidas: unos factores motivacionales fuertes son el reconocimiento social del trabajo realizado, la posibilidad de desarrollarse y el valor que cada persona percibe en su tarea.
Cuando las autoridades nacionales establecen la medida del “retiro voluntario”, el mensaje que le trasmiten a los empleados del INTA es que no valoran lo que hacen, que los consideran un gasto y que pueden irse cuando quieran. Esto genera, en toda la planta de personal de la institución, incertidumbre, temor, pérdida de la percepción de futuro dentro de la institución y desaliento que, a su vez, se traducen en menor iniciativa, menos involucramiento y una calidad de trabajo que puede deteriorarse rápidamente.
PELADO STREAM
Sin comentarios