El tabú minero para callados

Marcelo Orrego en la Cámara Argentina de Empresas Mineras (CAEM)

07:49h

RIGI, adentro. Cepo cambiario, afuera. Gigantes mineros, adentro. Inversiones… a cuentagotas. ¿Qué le pasa a la gran minería que parece lista para correr pero sigue en boxes? Queda un último gran obstáculo. Alto tabú. Impopular debate.

¿De qué se trata? De la Ley de Glaciares 26.639 sancionada por el Congreso Nacional en 2010, a instancias de Daniel Filmus y Miguel Bonasso como principales impulsores. Aquella norma sigue plenamente en vigencia, con sus virtudes y sus inconvenientes también.

Las virtudes se explican solas. Tienen que ver con la protección de la reserva de agua dulce, los hielos eternos que alimentan a los ríos.

Pero detrás del noble objetivo hay un gris que causa más dudas que certezas.

Con absoluto disimulo, el gobierno provincial está militando en Buenos Aires el instrumento legal que le ponga coto a las imprecisiones de aquella Ley de Glaciares que hoy sería el último freno de las grandes inversiones mineras.

Con absoluto disimulo, el gobierno provincial está militando en Buenos Aires el instrumento legal que le ponga coto a las imprecisiones de aquella Ley de Glaciares que hoy sería el último freno de las grandes inversiones mineras.

El problema radica en la definición de ‘glaciar de roca’, que les pega de lleno a San Juan y a Catamarca. No a La Rioja, que hace tiempo se despegó de la minería aunque intenta retomar ese sendero. No a Mendoza, que sigue entrampada en su ley antiminera 7.722. No a las provincias patagónicas, que tienen sus yacimientos bastante alejados de los hielos cordilleranos.

Esta información es ultra-calificada. Salió de una alta fuente del gobierno de Marcelo Orrego. Y, a decir verdad, no es novedosa. Desde José Luis Gioja en adelante, pasando por Sergio Uñac, la Ley de Glaciares fue un tema a resolver. Nadie pudo hasta ahora.

¿Es para tanto? Bueno, la norma tal como está redactada y en vigencia, pone a tiro de amparo cualquier intervención en la alta montaña. Además, sus disposiciones quedaron inconclusas. El inventario de glaciares que debía realizar el IANIGLA completó una primera etapa. El resto, bien gracias.

La minería necesita previsibilidad en el largo plazo, gobierne quien gobierne. Y eso no solo incluye lo impositivo, contenido en el RIGI, sino también lo ambiental.

Hasta ahora lo urgente tapó el resto. La inflación desbocada y las restricciones del cepo eran motivo suficiente para pisar inversiones. Ahora que eso está medianamente atendido, vuelve a cobrar relevancia el asunto de la Ley de Glaciares.

El miércoles en Pelado Stream el ministro de la Producción, Gustavo Fernández, tiró con todo contra el gobierno anterior. Dijo que Orrego en un año hizo más por la minería que Uñac en ocho años. Quedará anotado en el debate político del año electoral, seguramente.

En el fondo, el orreguismo sospecha que Uñac enfrió su militancia prominera para ubicarse políticamente en Buenos Aires, cuando tenía chances de tantear una candidatura de otro calibre. Recuérdese que su nombre cotizó como compañero de fórmula de Sergio Massa, por ejemplo.

Pero Fernández también le achacó a Uñac haber generado falsas expectativas. Esa es la palabra clave: la minería está atada a las expectativas. Con buenas expectativas llegan capitales. Con buenas expectativas se despierta el aparato de proveedores locales. Pero si esas expectativas no concretan inversiones reales, entonces lo que viene a continuación es la frustración.

El ministro de la Producción llamó a moderar estas expectativas. Mientras tanto, el gobierno de Orrego seguirá tejiendo silenciosamente una salida a la Ley de Glaciares, que no será una derogación sino, simplemente, una mejor definición de lo que se puede y lo que no se puede hacer allá arriba, en los picos de la Cordillera de Los Andes.

Abrir la tranquera para las grandes mineras puede generar una respuesta positiva en San Juan. Al fin de cuentas, Orrego ganó las elecciones del 2 de julio de 2023 con un discurso prominero, mientras había otros candidatos con discurso antiminero.

El problema es que este debate por la Ley de Glaciares no se dará en San Juan sino en Buenos Aires, donde sigue latiendo la protesta de Esquel y la de Famatina, en el inconsciente colectivo. Por eso es tabú. Por eso es para callados.

PELADO STREAM

Daniel Tejada
hola@peladostream.com.ar
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