07 Jul 09:25h
La eliminación del SIPAD, nombre elegante de la última versión de la Ley de Lemas, y la supresión definitiva de las PASO, no le quitan el sueño al potencial candidato peronista Cristian Andino, según dijo un operador de su espacio en una charla reservada días atrás.
El diputado nacional bajó su exposición mediática por estos días pero sigue militando en el territorio, afianzando su principal palanca para quedarse con la candidatura a gobernador en 2027: el vínculo con los intendentes.
No hay nada seguro. Sería temerario afirmar que Andino será el candidato a gobernador por el peronismo el año próximo para rivalizar con Marcelo Orrego y eventualmente otro candidato libertario. Pero sigue estando en boca de todos como uno de los que tiene mayores chances de encabezar la fórmula.
Para que esto sea posible, habrá que construir una lista de unidad que jamás será fácil, teniendo en cuenta todos los intereses encontrados del peronismo tras la derrota de 2023 y, especialmente, la pérdida de un liderazgo único.
La pregunta sigue siendo la misma: ¿Quién manda? Y como hay más de una respuesta posible, entonces brotan los caciques por todos lados. Andino es uno de los que aspira a ese lugar, pero por ahora le toca seguir en el malón de los dirigentes del ascenso.
¿Entonces manda Sergio Uñac? Para algunos sí. Pero ya no es lo que era. ¿Manda José Luis Gioja? Para los suyos, únicamente. El resto está en busca de una nueva referencia o está empujando para abrirse a los codazos su propio espacio de representatividad interna.
Es el caso de la dupla Carlos Munisaga-Fabián Gramajo, que el finde se mostraron juntos comiendo la semita más grande del mundo. Toda una metáfora, haber amasado un convite para 5.000 personas.
Andino sabe que tendrá que acordar con Munisaga y con Gramajo los respaldos necesarios. Sin Rawson y Chimbas no habría chances de disputar la gobernación. Su alianza con los intendentes empezó por la periferia. Atar el Gran San Juan siempre será más trabajoso.
Mientras el orreguismo planea dejar la definición de candidaturas a las internas partidarias clásicas, el sector alineado con Andino entiende que embarrarse en una confrontación intestina sería impracticable.
Y si bien el sanmartiniano genera entusiasmos en algún sector, hay otros nombres en danza. Gioja se encarga de subir al tablero a sus referentes Leonardo Gioja y Facundo Perrone. El uñaquismo juega con el nombre de Fabián Aballay.
‘La necesidad tiene cara de hereje’, decían las abuelas. Esto significa que, a la fuerza, tendrán que acordar internamente.
En la hipotética mesa de negociación peronista, Uñac conserva su silla. También la conserva Gioja. Quiénes más entran? Alguien dirá por ahí: los intendentes. ¿No están representados o alineados con Uñac acaso? Tema sensible si los hay.
Hasta el momento ninguno salió a romper con Uñac de manera pública. ¿Sucederá en 2027? No, si no fuera extremadamente necesario. El peronismo no tiene margen para seguir rompiendo nada.
En esa mesa entonces tendrán que abrir mínimamente un espacio para el tándem Munisaga-Gramajo. Y una vez que estén todos presentes empezará la verdadera negociación.
¿Admitiría Andino que le pongan un compañero o compañera de fórmula? ¿Un eventual vicegobernador? ¿Que le armen la lista de diputados proporcionales? La negociación política para encarar una elección inevitablemente tendrá impacto en la gobernabilidad, si les tocara ganar esta vez.
A nivel nacional, el peronismo tiene un mal antecedente de acuerdo electoral exitoso que luego sufrió severas dificultades en el gobierno: Alberto Fernández y Cristina Kirchner en el Frente de Todos.
Al peronismo no le sienta bien la horizontalidad. Pero sabe de rosca y pragmatismo.
PELADO STREAM


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