El balotaje del 2023 goza de buena salud

09:50h

Aquella opción a cara o cruz entre Sergio Massa por el peronismo y Javier Milei por el ‘cambio’ -disyuntiva liquidada el 19 de noviembre de 2023- goza de buena salud tres años después. Todo indica que el 2027 terminará alineando las fuerzas de manera similar, en una polarización absoluta.

Pasaría incluso aunque cambiaran los nombres. Aunque el candidato peronista esta vez no sea Massa -nadie lo descarte todavía- y el candidato libertario no fuera Milei sino alguna otra expresión más confortable para el círculo rojo. Por ejemplo, Patricia Bullrich.

Va más allá de las personas. La polarización llevará a que los distintos espacios satélites tengan que alinearse por convicción o por descarte con alguno de los dos extremos. Ya está sucediendo, como pasó en el balotaje del 2023. Por convicción o por descarte.

‘El kirchnerismo no entra en mi cabeza directamente’, dijo el lunes el bloquista Juan Pablo Medina, presidente de la Caja de Acción Social, en Pelado Stream. Fueron casi las palabras calcadas de Susana Laciar en LV1. Fernando Ortiz la puso a elegir entre Axel Kicillof y Javier Milei. Su respuesta fue categórica: ‘Absolutamente Kicillof no está en mi lista’.

Puede ser que el orreguismo ampliado, contando los propios como Laciar y los aliados, como Medina, no esté encandilado con Milei. Puede ser que les gustaría otro perfil más moderado, más ajustado a la tradición política. Pero esto no es a la carta. El menú es muy acotado y no cambió demasiado con respecto al balotaje del 2023.

Entonces, una metodología válida para decidir es, también, el descarte. Vale el voto afirmativo tanto como el voto negativo.

Si Milei no termina de convencer, alcanza con el repeluzno que les provoque el regreso del peronismo/kirchnerismo. Alcanza y sobra. Esa es la mayor inercia que pone a los orreguistas en la misma órbita que los libertarios, aunque ahí nomás aparezcan las diferencias.

Como se ha dicho en reiteradas ocasiones en esta columna de análisis y opinión, Milei prácticamente monopolizó el antikirchnerismo, a punto tal de vaciar de sentido al ex Juntos por el Cambio en el que estuvo inscripto Marcelo Orrego.

La escudería amarilla perdió la carrera presidencial cuando Bullrich quedó tercera en octubre de 2023, pero consiguió 10 gobernaciones en todo el país. Como dirían los pibes: es un montón.

Sin embargo, al poco andar ese bloque de gobernadores amarillos se fue desmembrando. Algunos más velozmente que otros, se alinearon con la Casa Rosada. Incluso, cedieron sus listas para legisladores nacionales en 2025. Por ejemplo, Claudio Poggi en San Luis.

No fue el caso de Orrego, quien postuló a sus propios legisladores nacionales y quedó en el medio de la polarización nacional. La moraleja para muchos dentro de Producción y Trabajo fue clara: hay que acordar con Milei cuanto antes, porque en 2027 estará en juego nada menos que la reelección de Marcelo.

Y si el afecto no alcanza, no importa. Debería ser suficiente el criterio del descarte. Como le pasó al electorado común aquel 19 de noviembre de 2023. Los votantes de todo el abanico de candidatos presidenciales eliminados en la primera vuelta, tuvieron que optar finalmente por los dos que quedaron en carrera. Massa o Milei. Milei o Massa.

Para el peronismo la cuestión debería ser más sencilla, llegado el momento. Será un candidato y punto. El problema lo tendrán -lo tienen- en la víspera, en medio del tironeo entre Kicillof y La Cámpora que escaló hasta un punto crítico. Nada que no haya sucedido antes. Son como los gatos, dijo el General.

‘En frente tenemos al anticristo’, le dijo una dirigente del axelismo nacional a este periodista, off the record. Tarde o temprano definirán quién encabezará la fórmula peronista, como en el 2023. Y será cara o cruz. Como en el 2023.

PELADO STREAM

Daniel Tejada
hola@peladostream.com.ar
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