El ataque de Palermo: la última frontera de la humanidad

09:43h

Hay dos maneras de entender el ataque brutal ocurrido contra mujeres trans en los bosques de Palermo, en la madrugada del lunes 2 de noviembre. La primera forma es calificarlo como un delito puntual y aislado. La segunda es entender que este brote violento es producto de una corriente de mayor escala.

No se puede desvincular esa cacería cometida por un grupo de varones jóvenes del tiempo que le toca transitar no solamente a la Argentina sino también a una buena parte del mundo. La violencia expresa la intolerancia.

Y no, no fue un hecho aislado. Fue un ataque brutal que obligó a toda una sociedad a notar el hostigamiento, el acoso que la comunidad trans viene sufriendo no solo en Buenos Aires sino en todo el país.

Lo dijo en Pelado Stream en una entrevista en vivo el 5 de marzo de este año, la nueva presidenta del Consejo de la Diversidad, Mariana Castro Cánovas: «Me da miedo salir de noche». Aquí en San Juan.

En el país pionero del matrimonio igualitario y del reconocimiento de la identidad de género, el miedo que había desaparecido volvió. Es una reacción natural de defensa, de autoprotección. El miedo no es zonzo, decían las abuelas.

Lo que sucedió en Palermo llevó las cosas al extremo porque, primero, se consumó la violencia física; segundo, fue un ataque coordinado en manada y, tercero, los perpetradores compartieron las imágenes en sus redes sociales. En algún punto, imaginaron que estaban legitimados para actuar como grupo de tareas.

A esta altura es inevitable referirse al discurso del presidente Javier Milei en el Foro Económico de Davos el 23 de enero de 2025:

«Desde estos foros se promueve la agenda LGBT, queriendo imponernos que las mujeres son hombres y los hombres son mujeres sólo si así se autoperciben».

En su batalla contra la perspectiva de género, el presidente encarnó y encarna una postura negacionista del otro.

Se puede discutir y se puede disentir acerca del equilibrio fiscal, el gasto público, la emisión monetaria, las tasas de interés, la política cambiaria, la obra pública, la apertura o el cierre de las importaciones y muchos etcéteras. Lo que no se puede es militar la negación del otro.

La perspectiva de género enseña, entre otras cosas, que es amplio el abanico de la diversidad y que no todos los seres humanos encajan en las categorías del binarismo. La perspectiva de género enseña, entre otras cosas, el respeto por el otro.

Aún así, sería injusto atribuirle al presidente Milei toda la responsabilidad en los discursos negacionistas. El Jefe de Estado no es causa, sino consecuencia. La máxima autoridad de la Argentina interpreta a un sector de la sociedad que adscribe a ese desprecio por la diversidad, sin entender quizás, que la diversidad también los incluye.

Milei no es un náufrago a la deriva, sino que integra un grupo de líderes mundiales de alta gravitación que combaten a la comunidad trans: desde Donald Trump hasta Vladimir Putin, Nayib Bukele y Giorgia Meloni.

Quien se sienta a salvo, debería repasar el famoso poema «Primero vinieron…» erróneamente atribuido a Bertolt Brecht, escrito por el pastor protestante alemán Martin Niemöller en 1946, apenas finalizada la Segunda Guerra Mundial, después de los horrores del nazismo.

Pero hay algo bueno, después de todo. Hubo una inmediata reacción social de condena a los autores. No debería agotarse ahí, porque no fue un hecho aislado del clima de época. Hay algo bueno después de todo: los que tienen responsabilidad de conducir están a tiempo de pedir perdón y llamar a la reconciliación.

PELADO STREAM

Daniel Tejada
hola@peladostream.com.ar
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