Cuando las no-alianzas ayudan más que las alianzas

08:33h

Mucho se ha dicho y escrito acerca del impacto que tendría el potencial frente electoral entre el orreguismo y los libertarios, para evitar la dispersión del voto no peronista en 2027. Pero no se agota ahí el impacto de las alianzas frustradas que, a fuerza de división, terminarían favoreciendo al oficialismo o a la oposición.

Es uno de los tabúes clásicos de la política. Por lo tanto, hay que decirlo: si José Peluc termina compitiendo por separado de Marcelo Orrego, el gobierno provincial sospechará que el libertario estaría colaborando con el PJ de Sergio Uñac.

Por supuesto Peluc tendrá una cantidad de argumentos para desmentir esa acusación. La primera de todas será que hay que buscar los votos genuinos para Javier Milei, sin depender de ningún aliado que luego pretenda condicionar ese apoyo a la hora de gobernar.

Que el árbol no tape el bosque. Detrás de esta disputa en primer plano hay y habrá muchas otras, igualmente digitadas para beneficio de uno y perjuicio de otro.

A modo ilustrativo, cabe mencionar el partido Hacemos por San Juan, que lidera Emilio Baistrocchi y el año pasado obtuvo más de 8.000 votos. ¿Ese caudal le resta más al peronismo o al orreguismo? Será difícil saberlo a ciencia cierta. Sin embargo, su participación independiente el año que viene podría colaborar con la conjetura de las restas.

Idéntica especulación les cabe a otros espacios políticos que no disputan los primeros puestos pero tienen un reservorio propio. Salta inmediatamente a la vista el ejemplo del Frente de Izquierda: tradicionalmente, cada punto que subió la izquierda fue resta directa al peronismo. Es un fenómeno que inquieta a nivel nacional, por el crecimiento de Myriam Bregman en las encuestas de imagen.

Nadie imagina al Frente Renovador de Franco Aranda jugando por separado del peronismo. Pero el partido de Sergio Massa siempre saca chapa de que podría competir en soledad si fuera necesario. Solo decirlo implica que el PJ mejore el ofrecimiento para integrar el frente electoral. El massismo por afuera sería resta directa, sin importar la cuantía de los puntos.

Acaso una lógica semejante aplique al bloquismo, bien pagado en las alianzas sucesivas con el peronismo y que ahora acompaña enfáticamente a Orrego. La autonomía del bloquismo en las elecciones significaría una resta inmediata. ¿Serían muchos o pocos votos? Poco interesa.

¡¿Cómo que los votos interesan poco?!

La afirmación parece absurda, pero no lo es. En un escenario de tercios, si se mantuviera el reparto que viene ocurriendo desde octubre de 2023 y se repitió en 2025, la distancia entre el primero y el tercero no llegará a los 10 puntos. Por lo tanto, medio punto más de un lado y medio punto menos del otro, hará la diferencia.

No parece que el 2027 ser un año para menospreciar a ninguna fuerza política, a pesar de la disparidad. Los que no puedan subir al podio, igualmente tendrán su activo para poner en exhibición.

Sumarlos será importante para evitar la dispersión, tan importante como alentar su ruptura con el rival, para forzar la dispersión. Es simple y funciona.

Por supuesto, esta lectura se superpone y es complementaria con otra, que hace tiempo vienen ponderando los analistas más reputados del país: cada vez tienen menos peso las estructuras y más valor las individualidades. Solo así se convirtió en presidente Javier Milei.

Sin embargo, cuando los resultados tienden a ser muy ajustados, esta ingeniería de alianzas y no-alianzas colabora. La prueba directa de ello es que ningún búnker desprecia esta arena de los aliados.

Y sí, es todo un dibujo en el aire. Ni siquiera hay código electoral definido a nivel nacional ni a nivel provincial para 2027. Pero una cosa se vincula directamente a la otra. En esta mesa, todos los comensales tienen su interés. La negociación de los nuevos regímenes electorales sucederá condicionada, también, por las alianzas eventuales. Las deseadas y las no deseadas.

PELADO STREAM

Daniel Tejada
hola@peladostream.com.ar
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