18 Ago 13:01h
El ingeniero Luis De Benito impulsa un cambio de paradigma radical para la industria minera: desplazar el enfoque de los proyectos individuales hacia una planificación estratégica basada en el territorio. Esta visión busca que la explotación de recursos no renovables deje un beneficio real y permanente para las comunidades locales.
El especialista presentó estas ideas este martes en el programa Pelado Stream. Su planteamiento profundiza en las tesis del documento «Más allá de la infraestructura», trabajo que elaboró junto a la experta Lucila Lasry para analizar la convergencia de grandes inversiones en Argentina.
«Estando los proyectos tan cerca, no deberían entenderse individualmente, sino como una cuenca», advirtió el especialista. El cobre encuentra su lugar en un contexto más amplio, atravesado por la cuestión energética a nivel global.
De Benito advirtió que la inestabilidad mundial alteró las prioridades de los mercados internacionales. Según su análisis, «hoy los países lo que buscan es seguridad energética», lo cual sitúa esta necesidad por encima de la transición ecológica en términos de resiliencia. En este escenario, el desarrollo del cobre y el litio requiere una integración física e institucional que supere la lógica de iniciativas aisladas.
Una de las claves físicas de esta propuesta son los «corredores energéticos». Estos espacios concentran rutas, gasoductos, acueductos y líneas eléctricas en una sola zona multipropósito. El consultor citó como ejemplo la Ruta 24 en Chile, donde conviven infraestructuras de gran escala en un mismo trayecto. Con este modelo, los permisos ambientales y la licencia social se simplifican porque el «impacto ambiental está concentrado en un solo lugar».
El esquema introduce la «Gobernanza Territorial Integrada» (GTI) para coordinar a múltiples actores bajo una visión de largo plazo. De Benito señaló que la infraestructura física determina qué se puede construir, pero la infraestructura institucional determina cómo se coordinan y mantienen los proyectos. Juntas conforman una «arquitectura del desarrollo» que garantiza la sostenibilidad social y política de las inversiones.
El ingeniero criticó el modelo vigente de gestión de recursos. «Hoy estamos al revés: vienen los proyectos privados y te hacen la propuesta y el gobierno autoriza», lamentó el experto, quien defendió que sea el territorio el que mande sobre los proyectos y no al revés. Bajo su óptica, el territorio debe gestionar de forma compartida la mano de obra, el agua y la energía para maximizar la eficiencia.
El objetivo final de este cambio es la construcción de un «legado tangible» que perdure tras el agotamiento de los minerales. Ante la finitud de la actividad extractiva, el consultor planteó una interrogante central: «¿Qué va a pasar cuando se acaben? ¿Qué le va a quedar a las generaciones que van a vivir cuando el cobre ya no esté?». La propuesta exige que la bonanza actual se convierta en una transición hacia instituciones más fuertes y mejores oportunidades para el futuro.
PELADO STREAM
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