23 Jun 14:00h
A Victoria Montenegro le costó mucho tiempo y un dolor indescriptible llegar a ser quien realmente es. Su historia es un tejido de ausencias, mentiras y una verdad que, al emerger, desmoronó los cimientos de la vida que conocía: la de María Sol Tetzlaff Duarte, la hija de un coronel del Ejército a quien ella adoraba profundamente.
Creció en los cuarteles de Campo de Mayo y Martelli, convencida de que su «papá» era un soldado bueno que luchaba por la patria, mientras que del otro lado habitaba una «subversión» siniestra que, según le enseñaron, buscaba atacarlos.
En una entrevista cargada de sensibilidad brindada este martes en Pelado Stream, Victoria compartió los detalles de este tránsito desgarrador desde el abismo de la mentira hacia la luz de su identidad.
La exlegisladora, que llegó a San Juan para presentar su libro autobiográfico «Hasta ser Victoria» en la Universidad Nacional de San Juan, relató cómo el silencio se quebró definitivamente el 5 de julio de 2000, cuando un análisis de ADN confirmó que era hija de Hilda Ramona Argentina Torres y Roque Orlando Montenegro.
Lo que ella define como la «perfección del mal» radica en el perverso mecanismo por el cual un apropiador logra que su víctima lo ame, desconociendo que él mismo es el responsable del asesinato de sus padres biológicos.
«Ser Victoria significa aceptar que mi papá mató a mis padres», sentenció con una crudeza que estremece. El hombre que la crió y a quien sus hijos llamaban abuelo fue el jefe del operativo que la secuestró a los trece días de vida.
El proceso de desprenderse de María Sol fue tan complejo que, incluso con su nuevo documento en mano, tardó siete años en poder pronunciar su verdadero nombre y dejar de firmar con su identidad anterior.
La reconstrucción de su identidad no fue un clic instantáneo, sino un lento aprendizaje para humanizar a sus padres biológicos, a quienes antes veía simplemente como «la subversión».
Hoy, al mirarse al espejo, reconoce el parecido físico con su padre y abraza su origen salteño, dejando atrás la fantasía de ser la hija rubia de un matrimonio de ascendencia alemana. Su presencia hoy es un testimonio de resistencia frente al plan de aniquilación de la dictadura, que buscaba no dejar rastro alguno de su generación.
«Si vos te ponés a pensar que el objetivo de la dictadura era que no quede vestigio de nosotros, es un milagro que yo esté sentada enfrente tuyo con mi nombre», reflexionó conmovida.
Para Victoria, la memoria es un anticuerpo social que permite que hoy, a pesar de los intentos de desmantelar las políticas de derechos humanos, se sigan recuperando nietos y realizando juicios de lesa humanidad. Su vida es la prueba de que, frente a la deshumanización, el amor de las Abuelas y la fuerza de la verdad siempre encuentran la forma de prevalecer.
PELADO STREAM
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