08 Abr 08:25h
El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, anunció este martes una tregua de dos semanas en el conflicto bélico con Irán, tras alcanzar un acuerdo para la reapertura inmediata del Estrecho de Ormuz. El mandatario estadounidense accedió a suspender los bombardeos y ataques contra objetivos iraníes bajo la condición de que el régimen islámico restableciera el tránsito total de petróleo y gas por la vía marítima estratégica.
Por su parte, el Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán calificó el pacto como una «gran victoria» estratégica y aseguró que Washington se vio obligado a negociar bajo las condiciones impuestas por Teherán.
El ultimátum y el acuerdo por Ormuz
La decisión de Trump se produjo tras un tenso ultimátum en el que advirtió que «una civilización entera moriría» si el estrecho no era liberado antes de un plazo fijado. La tregua, que rige por catorce días, busca normalizar el flujo en un corredor por donde circula el 20% del crudo mundial y que permaneció bloqueado tras semanas de enfrentamientos directos.
Estados Unidos detuvo sus operaciones militares contra infraestructura energética iraní mientras se mantienen las negociaciones para un acuerdo de paz definitivo, aunque Trump aclaró que la pausa está supeditada al cumplimiento estricto de la apertura del canal.
Desde la Casa Blanca, el giro diplomático se presentó como una respuesta a la presión ejercida por la «cuenta regresiva» presidencial, logrando que Irán cediera en el control del paso marítimo. El equipo de seguridad nacional estadounidense analizó una propuesta iraní de diez puntos que incluyó pedidos de levantamiento de sanciones y protocolos de seguridad compartidos. Sin embargo, el presidente mantuvo una postura de vigilancia extrema y condicionó la continuidad del alto el fuego a la ausencia de nuevas provocaciones en la región.
La reacción de Teherán: «Mano en el gatillo»
El régimen iraní, con el aval del líder supremo ayatolá Mojtaba Khamenei, celebró el cese de hostilidades como una muestra de la resistencia de sus fuerzas armadas frente a la potencia norteamericana. El canciller Abbas Araghchi afirmó que sus unidades pondrán fin a las «operaciones defensivas» solo si cesan los ataques externos, pero advirtió que el acuerdo no significa un desarme. «Tenemos la mano en el gatillo», comunicó el Consejo de Seguridad iraní, subrayando que la tregua representa un reconocimiento de su soberanía sobre las aguas del Golfo.
Teherán interpretó la suspensión de los bombardeos como una capitulación táctica de la administración Trump ante la amenaza de un barril de petróleo a 200 dólares. Los funcionarios persas insistieron en que la reapertura del Estrecho de Ormuz ocurre en el marco de una negociación de igual a igual y no como una rendición ante las amenazas de Washington. Esta narrativa de triunfo interno busca fortalecer la posición del liderazgo iraní en un momento de máxima presión económica y militar.
Impacto inmediato en los mercados globales
El anuncio del alto el fuego provocó una reacción drástica en los mercados de energía. El precio del petróleo crudo West Texas Intermediate (WTI) se desplomó un 16%, rompiendo la barrera de los 100 dólares tras semanas de cotizaciones récord por encima de los 115 dólares. Los analistas internacionales destacaron que la tregua alivió el temor a una crisis de suministros en el G7, permitiendo que las exportaciones de Gas Natural Licuado (GNL) desde Qatar y otros países del Golfo comenzaran a regularizarse.
A pesar de la baja en los precios, la volatilidad persistió en Wall Street ante la fragilidad de la tregua de dos semanas. Los inversores permanecen atentos al cumplimiento de los términos del acuerdo, ya que un quiebre en las conversaciones podría reactivar los ataques contra instalaciones petroleras. La reapertura de Ormuz devolvió cierta previsibilidad al comercio global, aunque la incertidumbre sobre el «acuerdo de paz definitivo» mencionado por Trump mantiene el clima de tensión en el sistema financiero internacional.
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