10 Jul 13:25h
En una era marcada por la insatisfacción permanente y la lógica del consumo, el mandato social ha girado 180 grados: ya no se trata de lo que reprimimos, sino de la presión por alcanzar una felicidad y un placer constantes. Según el psicoanalista Guillermo Dech, el malestar contemporáneo no surge solo de la prohibición, sino de un «superyó que también te puede mandar a gozar», convirtiendo el disfrute en una obligación que a menudo genera más frustración que bienestar.
Esta perspectiva fue desarrollada por Dech durante una entrevista realizada este viernes en el programa Pelado Stream, donde el especialista analizó cómo el discurso del mercado y la mirada de los otros moldean nuestra identidad y nuestros síntomas actuales. La conversación propuso un ejercicio colectivo de reflexión sobre por qué, a pesar de las conquistas materiales, prevalece una sensación de que «nada nos alcanza».
La pregunta como puerta de entrada
Para Dech, el psicoanálisis no es una búsqueda de respuestas prefabricadas, sino una práctica que busca «curar un síntoma a partir de una lectura entre líneas». El profesional destacó que para iniciar este proceso es indispensable que el sujeto se formule una pregunta sobre su propio malestar, queja o aquello que no puede resolver. «Muchas veces los problemas que no solucionamos son preguntas mal planteadas», afirmó, señalando que la entrada a «lo real» ocurre cuando algo nos sacude y nos lleva a cuestionar: «¿Qué me está pasando?».
El deseo y la trampa del mercado
Uno de los puntos centrales de la entrevista fue la distinción entre el deseo y los objetos de consumo. Dech definió el deseo como una «falta estructural que nos recorre». El mercado, según explicó, se aprovecha de esta carencia vendiendo «deseos imaginarios» bajo la promesa de una completud inexistente.
El especialista advirtió que muchas veces perseguimos metas —como un título o un objeto de lujo— creyendo que nos darán la felicidad, para luego descubrir que no era eso lo que buscábamos. Esto se debe a que, frecuentemente, operamos bajo el «discurso del otro» (familia o sociedad) tomando mandatos ajenos como propios.
De la represión al goce obligatorio
A diferencia de la época de Freud, donde el síntoma nacía de lo reprimido, hoy la patología surge del exceso. «Hoy no pasa por quién reprime más, sino quién reprime menos, quién goza más», explicó Dech. En este contexto, el superyó ha cambiado su mensaje: ya no dice «te prohíbo», sino que impone la experiencia del placer y la felicidad como un imperativo social, lo cual se evidencia en la presión de las redes sociales por mostrar una vida perfecta.
Lo social y lo privado: La Banda de Möbius
Utilizando la figura de la Banda de Möbius, el psicoanalista ilustró que «lo social y lo privado son dos caras de una misma moneda». Nada de lo que hacemos es puramente autónomo; incluso en la soledad, estamos atravesados por la mirada de un «otro omnipresente» que rige nuestras conductas aprendidas y nuestra percepción de la identidad.
El tiempo del análisis y la felicidad
Finalmente, Dech aclaró que el psicoanálisis requiere tiempo porque no existen manuales que definan el significado universal de un síntoma. «Hacer psicoanálisis es como leer un texto», donde el analista funciona como una voz externa o un pie de página que ayuda a descifrar en qué discurso está inserto el paciente.
Sobre la felicidad, concluyó que no debe entenderse como un estado futuro de bienestar completo, sino como la posibilidad de «estar feliz con lo que tenemos… es más sobre la marcha que un estado a futuro».
PELADO STREAM


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