20 Ago 08:26h
El presidente Javier Milei viene acusando a los docentes e investigadores universitarios de actuar como terroristas, empecinados con desestabilizar su gobierno. La secretaria gremial de ADICUS, sindicato alineado con la Conadu Histórica, acaba de darle la razón. Sí, las universidades desestabilizan.
Según Edith Liquitay, en la medida en que las universidades públicas estimulan el pensamiento crítico, los futuros profesionales serán reactivos a un modelo político y económico que se desentiende de las mayorías.
Dicho en otras palabras, Milei se hizo de un poderoso adversario, en un contexto de partidos políticos rotos y dirigentes caídos en el peor descrédito. Al sistema universitario las balas de la batalla cultural no le entraron. Al menos, no todavía.
Por eso las cuatro movilizaciones fueron tan multitudinarias, transversales, con representantes políticos del radicalismo vía Franja Morada, del peronismo, de la izquierda y de la sociedad civil que entendió que el desfinanciamiento del sistema universitario conspira contra uno de los motores históricos del ascenso social.
Sí, ascenso social en un mundo cada vez más hostil y estamentario, donde la pobreza se convirtió en un drama estructural, una máquina de excluir cada vez más cruel.
Milei hizo campaña con una cantidad de propuestas difíciles de digerir. Entre ellas, el sistema de vouchers. Impracticable, quedó en el recuerdo. Lo llamativo fue que más de la mitad de los argentinos y las argentinas lo respaldaron en las urnas en aquel ballotage de noviembre de 2023. Evidentemente no fue un cheque en blanco.
Cuando la motosierra le pasó por encima al financiamiento universitario -desde los sueldos hasta los gastos de mantenimiento y programas destinados a estudiantes e investigadores- se activaron los anticuerpos. El reflejo fueron las decenas de miles de personas que se movilizaron en todo el país.
En este marco hubo una curiosidad: el respaldo a las universidades tampoco fue un cheque en blanco. Persisten los cuestionamientos internos acerca de las administraciones deficientes o atravesadas por los vínculos políticos. En definitiva, ese fue el eje de la campaña del excandidato a rector Jorge Cocinero, rival de Tadeo Berenguer en 2025.
Cocinero obtuvo el 28 por ciento y si bien quedó muy lejos del rector reelecto, demostró que casi tres de cada diez universitarios comparten sus críticas al sistema y el paro como metodología de protesta.
A lo que nunca se atrevió Cocinero fue a justificar la motosierra en el presupuesto universitario. Eso hubiera sido imperdonable. Porque una cosa es exigir una mejor administración de los recursos, pero otra muy distinta es apañar la extinción de la educación pública, gratuita y de calidad. Es mucho más que una consigna vacía. Es, como ya se dijo antes, uno de los últimos resortes de la movilidad social ascendente.
Este 19 de agosto se cumplieron 300 días sin la implementación de la Ley de Financiamiento Universitario (LFU), que según el secretario Administrativo Financiero de la Universidad Nacional de San Juan (UNSJ), Ricardo Coca, ‘es una ley del pasado’.
Es decir, intenta reparar el impacto de la devaluación y el atraso de partidas hasta el momento de la sanción de la norma. De ahí en adelante, el deterioro presupuestario sigue prácticamente igual.
Más allá de los argumentos oficiales, la LFU fue resistida por Milei por dos motivos: uno político y otro económico.
El motivo económico obedece a su obsesión por sostener el superávit fiscal resignando recaudación y solo ajustando el gasto. Esto implica optar por un sector por encima del otro. La reducción de las retenciones a los grandes exportadores va en esa dirección. Cada quien sabrá si está de acuerdo con ese planteo.
El motivo político es más importante que el económico. Milei entiende genuinamente que las universidades públicas son su enemigo ideológico. Por eso ante la primera marcha universitaria posteó en sus redes: ‘Lágrimas de zurdos’.
Seguirá insistiendo el presidente, en el próximo presupuesto, con los términos de su propio modelo económico. Buscará consolidar el ajuste. No es premonición, es una intención declarada.
La disputa seguirá en las calles, esta vez, en el umbral del año electoral. Sí, las universidades desestabilizan. Milei las puso en esa posición.
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