18 Feb 08:38h
Decir que el debate por la reforma laboral no admite terceras posiciones es mucho más que hablar del tema específico. Es cierto que esta reforma laboral tan drástica divide las opiniones en dos: a favor o en contra. Y punto. Pero hay otro factor político que también está acomodando las piezas en tonos de blanco o negro sin grises.
Es el marco político que quedó dibujado en octubre del año pasado, cuando parecía que Javier Milei estaba terminado y que los gobernadores iban a tener la potencia suficiente para dar vuelta la página y superar la grieta fenomenal que divide a la Argentina.
Las urnas demostraron que la polarización tiene vida para rato.
Les pasó a los pobres gobernadores integrantes del Frente Provincias Unidas que hicieron un triste papel en sus respectivos distritos. Y le pasó también, de manera un poco más moderada, al gobernador de San Juan, Marcelo Orrego.
Con toda la expectativa de ganar la elección e incluso quedarse con dos de las tres bancas en disputa, Orrego debió conformarse con el segundo puesto, apenas por encima del ignoto libertario Abel Chiconi. Ese error de cálculo le permitió al peronismo quedarse con el primer puesto.
Orrego llegó al poder en 2023 con la bandera del cambio, como la opción para dejar atrás al peronismo/kirchnerismo. Fue la bandera de Mauricio Macri a través de sus fallidos precandidatos presidenciales: Patricia Bullrich y Horacio Rodríguez Larreta.
Milei se apoderó del antikirchnerismo. En todas las encuestas el PRO y sus circunstanciales aliados del ex Juntos por el Cambio quedaron reducidos a la mínima expresión.
Pero, mientras el PRO es casi un significante vacío, la decena de gobernadores que entraron pintados de amarillo hoy tienen una carta para jugar, siempre valiosa: su territorio. La clave estará en no rifar esa bala de plata.
Entonces si la elección del año que viene será entre dos y no hay lugar para un tercero, el destino del Frente X San Juan parece estar sellado. Habrá que intentar entenderse con La Libertad Avanza. Cada vez son más las voces internas que señalan este rumbo, empezando por el vicegobernador Fabián Martín.
Antes de llegar a un acuerdo electoral habrá que transitar esta peregrinación por el Congreso Nacional que está signada por el renovado poder político libertario.
Milei marca el pulso y el resto reacciona. El presidente conserva la iniciativa política. La reforma laboral es apenas la punta de lanza de este ímpetu reformista que siempre fue explícito al grito de ‘¡viva la libertad, carajo!’.
En principio le llegó el turno a la Ley de Contrato de Trabajo. Todo indica está en vías de extinción. También le tocará una revisión integral al régimen penal juvenil. Pero en el futuro inmediato vendrá seguramente la reforma jubilatoria y alguna otra que sabrá sólo la Casa Rosada, en coordinación con el Fondo Monetario con Washington, lógicamente.
Más allá de las sutilezas del debate por la reforma laboral, los diputados orreguistas Nancy Picón y Carlos Jaime, terminarán acompañando la iniciativa libertaria y dejarán a los peronistas Cristian Andino y Jorge Chica en minoría.
No es vaticinio ni adivinación. Los diputados alineados con Orrego marcaron la coincidencia política desde el inicio, más allá de que tengan alguna discrepancia menor. Habrán respirado aliviados cuando el gobierno nacional desistió del impresentable artículo 44, que recorta los salarios al 75 o incluso al 50 por ciento a todo trabajador que se enferma o se lesiona.
Más allá de la cuestión puntual, el articulado de la reforma laboral, hay un marco político que obliga a posicionarse de esa manera. Milei se encargó de encerrar a los que pretendían construir una alternativa por afuera.
A Orrego le quedaría un último recurso, de dudosa verificación: que Milei caiga en desgracia, que los libertarios dejen de ser una amenaza electoral y que San Juan pueda despegarse lo suficiente de lo nacional al momento de votar. Pura ciencia ficción.
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