Alguien tiene que restaurar la política

09:53h

Si la política es ‘la casta’, si el Congreso Nacional es ‘un nido de ratas’ y si ir a votar es un gasto innecesario, todos los caminos no conducen a Roma sino al autoritarismo.

La trampa discursiva acerca de lo perniciosa que es la política vuelve cíclicamente. La última vez que explotó de manera incontenible fue en 2001, al compás de las cacerolas y el ‘que se vayan todos’.

Desde 2023 en adelante, tras el fracaso de Mauricio Macri primero y de Alberto Fernández después, Javier Milei logró capitalizar esa furia social contra la política que defraudó toda expectativa.

Curiosamente y no tanto, Milei tuvo el talento de entrar como un ‘outsider’, una especie de vengador popular contra ‘los mismos de siempre’, pero al cabo de dos años aprendió las reglas clásicas de la política.

Sin la trenza y los acuerdos, no habría logrado embocar esta semana dos victorias importantes en el Congreso Nacional: Reforma Laboral en el Senado y Régimen Penal Juvenil en Diputados.

Las variables de la economía, que siguen siendo (cuanto menos) discutibles, alcanzan para sostener alrededor de un 50 por ciento de aprobación. Es mucho, muchísimo más de lo que puede exhibir cualquier otro dirigente en Argentina.

El punto es que ese ataque sistemático contra la política y los políticos derramó hasta el último rincón y hoy las provincias no escapan a esa partitura. Al fin de cuentas, aquí en San Juan Marcelo Orrego ganó las elecciones de 2023 con la bandera del cambio.

El cambio implicaba ponerle punto final a los grandes eventos con costosas superestrellas invitadas y altos subsidios del Estado. La ‘revolución deportiva’ de Sergio Uñac llegó a su fin. No es el tema en esta columna, sino la pobre reputación de la política como marca de este período.

Por eso cuesta y costará tanto blanquear el debate por el nuevo código electoral que tendrá vigencia en 2027. El tiempo apremia, como ya se explicó en Pelado Stream. A medida que acerque el año próximo, más contaminado estará el discurso de todos y todas.

En el marco de esta vergüenza política colectiva, esta semana hubo dos reconocimientos notables en este espacio periodístico.

Primero fue el diputado bloquista Luis Rueda. En vivo dijo que algunos colegas suyos que vociferan contra la Ley de Lemas le reconocen en privado que el sistema tendría que seguir. Pero ya no pueden dar marcha atrás porque ante la opinión pública es indefendible.

Están buscando alguna salida elegante que les permita garantizar la participación como lo permite la Ley de Lemas, haciendo algunos retoques que nadie sabe aún cómo terminarán.

Después de Rueda, Rodolfo Colombo. El jefe de Asesores del Gobernador dijo que él personalmente prefiere volver a las primarias abiertas y simultáneas. Tal vez no obligatorias, como propone el peronismo.

Que un dirigente tan cercano a Orrego se atreva a sugerir el regreso a la doble votación es desafiante. Es ponerse en contra del resto que despotrica contra el gasto político. Porque, según el refranero de moda, votar mucho está mal. Gastar en votaciones es lo peor.

La raíz de estas contradicciones es la misma: la mala reputación de la política y los políticos. Todo se ganó en buena ley, con una seguidilla de frustraciones y promesas incumplidas.

El lugar cómodo sería subirse a la tribuna que ventila los sueldos de los funcionarios y la lista de asesores. Pero alguien alguna vez tiene que asumir una incómoda responsabilidad.

Esa incómoda responsabilidad es recordar que sin elecciones no hay democracia. Que sin parlamentos no hay control entre poderes ni hay representación de minorías. Que sin partidos políticos no hay gobierno posible. En definitiva, que sin política no se puede.

PELADO STREAM

Daniel Tejada
hola@peladostream.com.ar
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