03 Sep 09:31h
Cuesta creerle a Laura Palma que no tiene planes de candidatura a intendenta de Pocito el año que viene. Ante la pregunta directa, este miércoles en Pelado Stream respondió que no es tiempo. Pero inmediatamente después descargó una batería de críticas hacia la gestión del justicialista Fabián Aballay.
De todos modos, no sorprendió en absoluto. Hay sobradas razones para que el orreguismo apunte fuertemente a Pocito en la carrera de 2027.
En primer lugar, hay una motivación numérica: Pocito es el quinto distrito más poblado, por encima de Santa Lucía. Con 51.500 electores, supera el 8 por ciento del padrón total de la provincia, exactamente la mitad de Rawson.
Cada punto pocitano pesa mucho en el poroteo para la gobernación. Hay que guardar este dato para analizar más adelante.
En segundo lugar, hay una motivación política: Pocito es la cuna de Sergio Uñac, desde donde se proyectó como gobernador. Es el equivalente al Santa Lucía de los hermanos Marcelo y Juan José Orrego. Territorio blindado e impenetrable para la oposición municipal, pese a los reiterados intentos.
Palma ya fue concejala de Pocito y cuando resultó reelecta para continuar en su banca en 2023 renunció para asumir como ministra de Gobierno. Nunca abandonó su trabajo político en el departamento.
El año pasado fue elegida por Marcelo Orrego como candidata a diputada nacional para secundar a Fabián Martín, pero los votos no alcanzaron para que llegara al Congreso aunque las consultoras auguraban lo contrario.
Puede tener el orreguismo algún otro dirigente en condiciones de disputarle el distrito al uñaquista Aballay, pero difícilmente encuentre otra figura como Palma.
No se trata de valorar los pergaminos personales. A eso lo definirán los vecinos en el cuarto oscuro. Se trata de la fuerte inversión en instalación que viene haciendo la ministra, que además contó con una alta exposición durante la campaña legislativa del año pasado.
Solo ese antecedente la empuja por encima de cualquier otro aspirante.
Al orreguismo le sucede en Pocito lo que al peronismo en los departamentos donde arranca de atrás, como Santa Lucía, Capital y Rivadavia: si no fuera posible soñar con la victoria, al menos deberían apuntar a un segundo puesto muy cercano en cantidad de votos.
En el conteo provincial para la reelección del gobernador será tan importante ganar en los municipios propios como no perder por tanto en los departamentos donde la oposición es muy fuerte.
Es el caso de Pocito. O Chimbas. O Rawson. En ningún distrito hay imbatibles, pero en esta ocasión, en estos tres bastiones del justicialismo hay intendentes que tienen la oportunidad de reelegir.
Para ser desplazados, los intendentes peronistas deberían tener un altísimo índice de rechazo y, el orreguismo, tener alguna figura rutilante capaz de opacar a la gestión municipal a fuerza de carisma. Es pronto para hacer una proyección de tal naturaleza. Pero en principio parece que a nadie le sobra nada.
Pocito tiene un alto peso en el esquema provincial, de un lado y del otro de la grieta. Para ganar la gobernación, hay que partir de una buena performance en el Gran San Juan. Los números ubican a Pocito en una posición muy relevante para esta construcción.
Palma presionó el gatillo en Pelado Stream, apuntó contra el déficit en los servicios básicos de Pocito y prometió darle continuidad a la política de promoción del deporte.
Si, como todo indica, le toca disputar la intendencia el año que viene, lo hará también con un discurso político muy definido: defendió que las tarifas de taxis y remises se autorregulen como las aplicaciones Uber o Didi e incluso polemizó con la Federación Universitaria por el uso del boleto educativo gratuito. Moderados afuera.
El 2027 pondrá en juego no solo la gestión sino también los paradigmas políticos. A la grieta le queda vida para rato.
PELADO STREAM
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