25 Feb 09:04h
El gobierno de Javier Milei celebró esta semana un dato positivo: el Estimador Mensual de la Actividad Económica que mide el INDEC arrojó en diciembre una variación interanual de 3,5 por ciento positivo, en comparación con el mismo mes del año anterior. Dicho en otros términos, el país se va para arriba. En tu cara, mandril. Make Argentina Great Again.
Pero detrás de ese dato hay otro dato, muy relevante y preocupante. El índice positivo se alcanzó gracias a la excelente performance del campo. Es decir, la economía primaria. Agricultura y ganadería crecieron un 32 por ciento de diciembre a diciembre.
En segundo lugar, la pesca. Otra actividad primaria que creció el 18 por ciento. Y en tercer lugar la intermediación financiera: el 14 por ciento interanual. Algunos prefieren el apodo de ‘timba financiera’, pero resulta poco elegante.
Luego, en el ranking aparecen el rubro energético, con una mejora del 10 por ciento. Y ahí nomás, muy cerca la minería, con una suba del 9 por ciento.


Si todos estos ítems crecieron tanto, ¿por qué el estimador de la actividad económica ‘solo’ reflejó una mejora del 3,5 por ciento? La respuesta es muy sencilla: porque otros rubros cayeron estrepitosamente. Y son los que demandan la mano de obra intensiva.
A la industria le fue peor que a nadie, con un derrumbe del 3,9 por ciento de diciembre a diciembre. El rubro hoteles y restaurantes también se achicó el 1,5 por ciento. Y el comercio también cayó el 1,3 por ciento.
Entre tanto número, vale una simplificación para facilitar la comprensión del momento histórico: mientras crecen las actividades primarias, caen las del sector secundario y servicios.
Por eso es que en Argentina pueden convivir las noticias de las grandes inversiones mineras -con cifras récord como los 18.000 millones de dólares anunciados por Vicuña- y el cierre de industrias icónicas como Fate, la semana pasada. O la suspensión de la planta automotriz de Stellantis.
La apertura de las importaciones puso en jaque a la industria nacional. El presidente de la Unión industrial de San Juan, Leonardo De la Vega, lo planteó la semana pasada en Pelado Stream: son tiempos de sostenerse para sobrevivir. Nada más. Algunos no lo lograrán.
¿Está mal? Depende del punto de vista. Para el modelo liberal-libertario, hay que sincerar las variables de la economía y si en el camino se cae alguien, tendrá que aguantar hasta que consiga empleo en otro lado. Durísimo.
La industria de San Juan no escapa a la caída de la actividad industrial a nivel nacional. Por eso el gobierno de Marcelo Orrego aplicó unos 88.000 millones de pesos en créditos blandos y subsidios en los dos primeros años de gestión, con el ánimo de contrarrestar la malaria. Pero no alcanzó ni alcanzará para revertir la macro.
Es sobrevivir, como dijo De la Vega.
Es una cadena. El achicamiento del salario real y la precarización del empleo repercuten en la demanda. Sin demanda, las industrias empiezan a frenar la producción. Todo esto puede suceder mientras las exportaciones de materias primas escalan y salvan los números del promedio. Al gobierno le cierra. A la gente no.
Aún así, San Juan puede encontrar un salvavidas en la megaminería, que puede traccionar al resto de la economía incluso a contramano de la malaria. Ya pasó hace 20 años con la construcción y la puesta en marcha de Veladero.
Los altos salarios y los contratos con los prestadores generan una demanda en efecto burbuja muy potente. El problema es que eso no sucederá mañana. Ni pasado mañana.
Habrá que resistir. O, como aconsejan los industriales: sobrevivir.
PELADO STREAM
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