No maten a Messi, no maten al periodismo

09:46h

Que Florencia Peña y Luzu difundieran la noticia falsa sobre el fallecimiento de Jorge Messi y que la negligencia se convierta en tendencia nacional puede ser algo bueno, después de todo.

Dejando de lado el dolor de una familia, sea la del capitán de la Selección o cualquiera otra, el episodio sirvió para poner en valor el trabajo periodístico.

La libertad de expresión es un derecho inherente a la persona, sin importar su oficio. Pero cuando esa libertad de expresión se ejerce en un medio masivo, en este caso un canal de streaming, entra a jugar otro condimento: la responsabilidad en el ejercicio de la profesión.

Desde la irrupción de los teléfonos inteligentes y la explosión de las redes sociales hubo cierto consenso acerca de la democratización de la comunicación. Se profetizó la caída de los medios de comunicación y del ejercicio del periodismo.

La tecnología llegó para quedarse y, con un celular en la mano, periodista es cualquiera. O al menos eso decían. Fue una media verdad.

La comunicación sí de democratizó, se multiplicaron los mensajes masivos, los seguidores, las comunidades, nacieron los influencers. Entonces, ¿qué distingue a un periodista, si el micrófono y la cámara hoy está al alcance de cualquiera?

Hay una forma sencilla de decirlo. El periodismo empieza en el instante mismo en que ese profesional de la comunicación pregunta: ¿cuál es la fuente? Ese filtro imprescindible marca el límite entre un posteo cualquiera y la información.

Ahora bien, el episodio de la familia Messi en boca de Florencia Peña y todo el equipo de Luzu volvió a poner en el tapete el carácter imprescindible de este ejercicio elemental que separa la paja del trigo.

El presidente de la Nación, Javier Milei, aprovechó el incidente para descalificar a todo el periodismo que, ciertamente, lo viene incomodando hace tiempo. El Messigate o el Peñagate o el Luzugate viene como anillo al dedo para postergar, aunque sea un ratito, el Adornigate en la agenda pública.

Por otra parte, Peña sigue y seguirá pagando el costo de su identificación con el espacio ideológico que el gobierno libertario vino a combatir: nacional, popular, feminista, pañuelo verde. Peña cataliza un montón de cosas que no tienen que ver con su metida de pata puntual.

Ya se empezó a visibilizar en redes, donde todo ocurre por estas horas, la grieta de uno y otro lado. Empezaron a ventilar material de archivo para escrachar a Luis Ventura con Alejandro Fantino cuando dieron la noticia falsa del fallecimiento de Cacho Fontana y después pidieron disculpas por haber jugado con una información tan sensible.

En Ciudad Autónoma de Buenos Aires no recordarán seguramente aquella placa negra que puso en pantalla el canal Crónica en octubre de 2013, para anunciar la muerte del entonces gobernador José Luis Gioja a raíz del accidente del helicóptero en Valle Fértil.

No quedó registro porque en aquel tiempo la digitalidad era todavía incipiente. Pero sucedió. La oficina de prensa del Gobierno de San Juan tuvo que salir a desmentir rápidamente la noticia falsa, cuando la prensa local, antes de repetir lo que decía Crónica, acudió a la fuente.

Nada nuevo hay bajo el sol. Las fake news están inventadas hace rato. El remedio también, ¿eh?

No maten a Messi. No maten a nadie sin antes chequear fuentes. No maten al periodismo tampoco. Con defectos, sigue siendo el último garante de la información.

PELADO STREAM

Daniel Tejada
hola@peladostream.com.ar
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