25 May 11:04h
En el marco de la celebración del Te Deum por el 25 de Mayo de 2026 en San Juan, el obispo auxiliar Mons. Gustavo Larrazábal realizó un enérgico llamado a la paz social y la justicia. Durante su homilía, el prelado advirtió de manera tajante que «no puede haber diálogo con violencia o discursos de odio, porque esto no tiene lógica».
Ante las autoridades y fieles presentes, instó a la sociedad argentina a rechazar la indiferencia, señalando que «ésta mata» y que no existe lugar para la connivencia con la injusticia, la cual solo empobrece a los más vulnerables.
El mensaje central de la jornada se basó en la parábola del trigo y la cizaña, utilizada por Larrazábal para ilustrar las tensiones sociales actuales. El obispo explicó que, aunque el mal (la cizaña) pueda sembrar daño, la integridad y la esperanza deben mantenerse firmes, pues «el enemigo puede invadir el reino… pero finalmente es derrotado por la bondad del trigo».
Asimismo, lanzó una advertencia contra la «impaciencia mesiánica» y el fanatismo, señalando que quienes buscan exterminar al enemigo con una actitud de «pureza absoluta» terminan convirtiéndose en aquello que desean combatir.
Para orientar la construcción de una convivencia fraterna, Larrazábal presentó cuatro pilares fundamentales derivados de la Doctrina Social de la Iglesia:
- El tiempo es mayor que el espacio: El obispo pidió priorizar el inicio de procesos de construcción humana a largo plazo, en lugar de obsesionarse con resultados inmediatos o la posesión de espacios de poder.
- La unidad prevalece sobre el conflicto: Afirmó que la unidad es superior al conflicto y que es necesario reconocer la dignidad del otro para construir comunión en medio del desacuerdo.
- Las realidades son más importantes que las ideas: Instó a evitar la «retórica vacía» y los discursos intelectuales que no impulsan a la acción, recordando que las ideas deben estar al servicio de la praxis.
- El todo es mayor que la parte: Propuso la imagen del «poliedro» como modelo de sociedad, donde se busca el bien común respetando la singularidad de cada individuo y cultura, evitando los extremos de un globalismo abstracto o un localismo aislado.
Hacia el final de su intervención, Larrazábal fustigó el «individualismo feroz» bajo la premisa del «sálvese quien pueda», asegurando que esta actitud no conduce a la felicidad personal ni a la paz social. Concluyó con una oración a la Virgen de Luján, pidiendo propósitos genuinos para forjar la «Patria Grande» que se le debe al pueblo y a las futuras generaciones.
PELADO STREAM
Sin comentarios