25 Nov 08:45h
Al menos en público, nadie escuchó al gobernador Marcelo Orrego decir con tanta convicción como sí lo dijo el vice, Fabián Martín, que competir separados de La Libertad Avanza fue una equivocación.
Un dirigente importante de la mesa del Frente X San Juan coincidió en privado con Martín: aunque el peronismo esté en un piso (o techo) pobre de apenas 34 puntos, la división de los oficialismos siempre le facilitará las cosas al momento de las elecciones.
Esos 34 puntos le hubieran alcanzado a Cristian Andino para convertirse en gobernador si ese fuera el caso. Apenas 34 puntos, gracias al escenario de tercios.
La conclusión meridiana para el orreguismo es que no se puede repetir el error en 2027. Por lo tanto, madura la idea de una alianza «obligatoria» con los libertarios.
El jueves pasado, al momento de hablar de su resignación como diputado nacional electo, Martín dijo que hay que entenderse con todos, incluido José Peluc.
La aclaración fue imprescindible. Peluc ha sido uno de los más reticentes al acercamiento con el gobierno provincial. Los acusó, en reiteradas ocasiones, de no estar ‘verdaderamente convencidos’.
Ese comportamiento autónomo en el Congreso, de apoyar en general la Ley Bases pero votar en disidencia parte del articulado, fue anotado como una afrenta.
Ni qué decir, cuando las diputadas de Orrego se subieron a la ola de insistencias contra los vetos a Jubilaciones, Discapacidad, Garrahan y Universidades. El disgusto libertario fue evidente.
Pero algo cambió el 26 de octubre en la noche, cuando Javier Milei pronunció su discurso de victoria. Dijo que gobernará con los que lo votaron y con los que no lo votaron también. Abrió las puertas a los gobernadores dialoguistas con los que se había distanciado. Entre ellos, Orrego.
No fue pura voluntad. Milei está forzado a construir gobernabilidad, a sumar votos en el Congreso. Es una de las exigencias de Washington y del FMI. Por eso llamó a los gobernadores y luego puso a Diego Santilli, su flamante ministro del Interior, a reconstruir los puentes rotos.
Ese gesto político fue suficiente para que el orreguismo entendiera que hay una chance de reconciliarse con los libertarios, a pesar de lo difícil que pueda resultar la convivencia.
La otra moraleja del 26 de octubre fue que Milei siempre tiene un as debajo de la manga. Mientras el PJ nacional no sea capaz de articular una alternativa factible de gobierno, que no sea lisa y llanamente volver a editar el Frente de Todos con otro nombre, entonces habrá Milei para rato.
Los gobernadores no justicialistas quedarán encerrados. Tendrán que jugar con Milei o quedar entrampados otra vez en la polarización nacional.
Juntos por el Cambio directamente no existe. Las condiciones están dadas para que Orrego, como el resto de los que una vez fueron amarillos, deba encontrar una referencia nacional violeta o atenerse a las consecuencias de la dispersión del voto.
Es cierto que los libertarios no tienen todavía ninguna figura provincial que pueda opacar a Orrego en 2027. Pero no importa: con que puedan sacarle los puntos suficientes, el peronismo tendrá el camino allanado para el retorno. Aunque no pueda sumar mucho más que 34 puntos. Ya sucedió hace un mes.
Y es cierto que una cosa es una elección nacional de mitad de mandato y otra muy diferente es una elección provincial, bien despegada de la presidencial. ¿Pero Orrego se atrevería a correr el riesgo?
Estas son las cuentas que sacan los que, como Martín, están abocados al operativo seducción para dejarse de rodeos y consumar esta alianza ‘obligatoria’.
PELADO STREAM
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