08 Jun 09:41h
¿Por qué demora tanto en revelarse la letra definitiva de la popularmente denominada ‘Ley de Proveedores Mineros’ que todavía no entró a la Cámara de Diputados?
Una respuesta posible es que detrás de la gran minería del cobre hay una verdad incómoda: aunque las grandes inversiones anunciadas se concreten, muchas veces los sanjuaninos quedarán afuera de los contratos.
Y no, no es un augurio pesimista sino, simplemente, realista. Para muestra, basta recordar la licitación que ganó una monumental corporación China la semana pasada en Vicuña, para construir un campamento minero en la alta montaña.
Para muchos fue un shock. Para otros, no tanto. Desde la política, hubo quienes salieron a señalar nuevamente al RIGI como el marco que permite desplazar alegremente a los proveedores locales, en beneficio de los extranjeros, solo por cuidar la mayor rentabilidad para los inversores.
Pero es más complejo. El sector sabe que hay una multiplicidad de factores que podrían determinar esa exclusión de los proveedores locales. Por eso la ley se demoró tanto. Por eso la letra definitiva sigue siendo reservada. Pero llegará el momento en que salga a la luz.
Será tanto como echarle sal a la herida.
Tal vez se entienda el asunto repasando rápidamente algunas expresiones vertidas aquí, en Pelado Stream. Recién designada como directora ejecutiva de la Cámara Minera de San Juan, Sandra Barceló dijo en enero pasado que los proveedores tienen que ponerse a tono en cuanto a capacitación técnica y estándares de calidad.
Dicho de otro modo, nadie piense que el sello de ‘origen San Juan’ será un comodín para ganar prioridad en las licitaciones. No sucederá.
El diputado bloquista por Iglesia, Gustavo Deguer, a cargo de la Comisión de Minería de la Legislatura, dijo el pasado 7 de mayo en Pelado Stream que los proveedores chicos nunca pudieron entrar a la minería. Es uno de los pecados de Veladero.
¿Acaso alguien piensa que la nueva ley vendrá a reparar esa deuda histórica? Difícil.
El vicepresidente primero de la Cámara de Diputados, Enzo Cornejo, dijo el 29 de mayo en Pelado Stream que ‘no hay que excluir a ningún sanjuanino’. Fue una manera elegante de contestarles a los proveedores iglesianos y calingastinos que exigen prioridad en la contratación por su carácter de dueños de casa.
Subyace a esta tensión la definición original que, elegantemente, expuso Barceló: capacitación y estándares de calidad. En off, una fuente del orreguismo confesó a este periodista que en las reuniones con los proveedores del interior más de una vez hubo silencio cuando les preguntaron cuántos perforistas o cuántos choferes con carnet profesional tienen.
La situación de los iglesianos y calingastinos, que se ven amenazados por los competidores del resto de la provincia cuando se estira a todo San Juan la definición de ‘proveedor local’, se agrava cuando aparecen en el tablero los gigantescos jugadores internacionales.
Los proyectos de cobre sanjuaninos son de clase mundial, por lo tanto, los interesados juegan en esa liga. Por eso desde la Expo San Juan Minera 2026 Marcelo Orrego tocó la campanita que abrió la jornada en la Bolsa de Toronto.
El RIGI establece que el 20% de la inversión comprometida se debe volcar en contratos con proveedores locales. ¿Quién es el local? ¿Si viene una corporación multinacional y abre una oficina en San Juan se convierte de inmediato en un proveedor local?
Las respuestas van tomando forma. Las tensiones también.
Por eso el viernes pasado el presidente de la Unión Industrial de San Juan, Leonardo De la Vega, dijo en Pelado Stream que sería ideal que la gran minería genere un programa de apalancamiento de proveedores locales, que incluya formación y adquisición de bienes de capital.
Esto tiene nombre hace rato. Se llama desarrollo sustentable y se llama licencia social. Y tiene un alto valor de mercado. Si no, pregúntenle a Barrick todo el costo que tuvo que pagar por los errores cometidos.
PELADO STREAM
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