04 Jun 07:30h
Leí en algún lado que puede definirse a la “Cultura” como al conjunto de valores, creencias y saberes (conocimientos) de una sociedad o grupo social específico, que determinan y modelan su comportamiento, más el resultado de ese comportamiento, como, por ejemplo, las obras de arte.
Creo que entender el valor de la cultura nos permite comprender una de las razones de por qué algunas sociedades (o países, o empresas) progresan y viven mejor que otras. Para ello, a continuación, recurriré a algunos ejemplos que explican el valor de tener determinados comportamientos culturales (o el costo de no tenerlos o tener los comportamientos opuestos).
Existen sociedades donde impera el comportamiento oportunista y deshonesto. En esos casos, la desconfianza que impera entre las partes encarece mucho el costo de cualquier transacción, en forma de asesoramiento legal, investigaciones previas, contratos, garantías, etc.
Esto dificulta o imposibilita los contratos de cooperación, imprescindibles en un mundo donde nadie se realiza en aislado. Al respecto, recuerdo que dijo Einstein que: “todo tipo de cooperación pacífica entre los seres humanos se basa principalmente en la confianza y solo de forma secundaria en instituciones como justicia o policía”.
En los lugares donde se valora el respeto a las reglamentaciones, el tráfico automotriz es fluido y seguro, aún en horas pico. Esto genera un importante ahorro en tiempo y dinero y, a veces, hasta salva vidas.
¿Alguien ha medido el costo de las “caídas del sistema informático”, de los cortes del suministro de energía eléctrica, de los errores en el control de calidad de los servicios públicos? Creo que buena parte de ese costo es producto de comportamientos culturales donde impera la negligencia y la falta de idoneidad.
¿Cuánto se encarece el servicio municipal de “barrido y limpieza” en ciudades donde prevalece un comportamiento social que genera desechos, suciedad y desorden? Llevado al extremo ¿Cuál es el costo ambiental si ese comportamiento se extiende al manejo de los recursos naturales?
¿Cómo se simplificaría nuestra vida y cuanto más aprovecharíamos nuestro tiempo si todos fuéramos puntuales y respetuosos de los horarios? ¿Cuánto ganaríamos en calidad de vida si no abusáramos en la producción de ruidos molestos en forma de bocinas, música estridente y motores funcionando a pleno sin silenciadores, sin importarnos si eso fastidia a nuestros vecinos?
¿De dónde provienen los comportamientos culturales? ¿Cómo se puede influir favorablemente en ellos? En busca de respuesta, consulté a la Inteligencia Artificial de Google que me dice que “la cultura se transmite de generación en generación mediante el proceso de socialización”. “Este mecanismo no es genético, sino aprendido a través de la comunicación, la imitación y la experiencia compartida”.
Avanzar en el tema excede mi capacidad y la extensión de un artículo de este tipo, que solo se propone resaltar el valor de la cuestión cultural. Solo puedo mencionar dos cosas.
Por un lado, destacar la importancia que en el proceso de “culturización” tienen la familia, la sociedad, los medios de comunicación y el sistema educativo. Por otro lado, la necesidad que tenemos de buenos modelos de comportamiento para imitar.
¿Cuánto mejor sería Argentina, si en nuestra vida cotidiana imitáramos el comportamiento noble, honesto y fraterno del Martín Fierro, que nos enseñaba que “los hermanos sean unidos, porque esa es la ley primera” y no tratáramos de comportarnos con el cinismo, oportunismo e individualismo del Viejo Vizcacha, que proponía “hacerse amigo del Juez” y “no darle de qué quejarse”?
PELADO STREAM
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