11 Jun 07:15h
En una nota anterior dije que una Innovación es un proceso que transforma una idea en una novedad, con el fin de generar valor para las personas. En la era industrial capitalista moderna (finales del Siglo XVIII en adelante), las innovaciones son un fenómeno cotidiano y explican buena parte del desarrollo y el bienestar de una sociedad, por lo que resulta de vital importancia saber más sobre quién y cómo las generan.
Uno de los primeros que estudió el tema, pero solo en el campo comercial (también hay innovaciones en el campo socio – cultural), fue el economista austriaco – norteamericano Joseph Schumpeter. Para él, el proceso innovador se caracterizaba por el hecho de terminar en cosas distintas y originales, por lo que estaba plagado de incertidumbres y era de éxito dudoso. Además, implicaba la necesidad de enfrentar la resistencia al cambio y a la nuevas formas de hacer las cosas, o “inercia”, que existe en todos los niveles de la sociedad y que amenaza con destruir las iniciativas nuevas.
Por estas razones, quién lo llevara adelante no podía seguir las reglas de comportamiento del empresario clásico, denominado “racional”: recolectar toda la información, evaluarla y decidir el camino u opción óptima para maximizar beneficios y minimizar riegos. Esto, en la opinión de Schumpeter, llevaba a la necesidad de contar con liderazgo, visión y coraje para enfrentar el riesgo a lo desconocido y la resistencia del status – quo, cualidades que él asociaba a los empresarios que él denominaba “emprendedores – innovadores” y que en ese entonces se asociaba a “comportamientos irracionales”. Al respecto, un contemporáneo de Schumpeter, el escritor inglés George Bernard Shaw escribió: “las personas razonables se adaptan al mundo; las no razonables insisten en que el mundo se adapte a ellas. Por lo tanto, todo progreso depende de la gente no razonable”.
En resumen, según Schumpeter (comparto con él), si en economía existe innovación y progreso es, entre otras cosas, porque existen “empresarios innovadores – emprendedores”, con capacidad y energía para hacer que las cosas se hagan y asumir los riesgos necesarios para generar los desequilibrios propios de la innovación. Para este autor, esos empresarios innovan por varias razones, esencialmente de tipo psicológico: el éxito es buscado no tanto por las posibilidades de retribución económica o maximización de beneficios sino como una finalidad en sí misma, respondiendo a una necesidad y a una satisfacción derivadas de la posibilidad de crear para satisfacer su necesidad de hacer cosas, grandes (fundar un «reino privado» y, a veces, una «dinastía») o pequeñas (el deseo de Steve Jobs, fundador de Apple, de “poner su granito de arena, o su marca, en el Universo”).
¡Qué diferente esta visión de Schumpeter, de la visión del empresario que solo busca ganancias a un riesgo y esfuerzo mínimo! ¡Qué importante es para cualquier país contar con este tipo de empresarios!
PELADO STREAM
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