19 Feb 14:01h
Karina Palacio pisó el asfalto del carnaval de Chimbas y el tiempo pareció detenerse. Como una Moria Casán local, dueña de una presencia que encandiló a todos, se fundió con la mística de Marí Marí y demostró que la corona de «La One» no le quedó grande.
A sus 58 años, bajo el peso de las plumas y el calor de la ruta, la artista sanjuanina reafirmó que su mayor destreza no es el baile, sino la capacidad de brillar con luz propia en una tierra que le exigió todo para darle un lugar.
El dolor oculto tras el resplandor
Detrás de la sonrisa imbatible y el brillo de las lentejuelas, Karina cargó con la herencia de un esfuerzo que pocos imaginaron. Bailó sobre el pavimento ardiente, con los pies lastimados por las ampollas y una estructura de metal de 20 kilos que oprimió su espalda, pero nada de eso se reflejó en su rostro.
«Llega un momento en que el dolor de cabeza es tan grande por llevar el peso, pero la alegría se mezcla, que cuando llegás ya no te importa nada», confesó con la voz de quien entregó el cuerpo al arte por puro amor.
El renacer de una mujer valiente
La vida de Karina no fue siempre un escenario iluminado. Recordó con emoción su regreso a San Juan, cuando decidió escapar de una realidad de violencia y silencio para empezar de cero, con lo puesto y un hijo de la mano. Rechazó la comodidad del apellido y eligió el camino difícil, ese que la llevó desde las colonias de abuelos hasta los pabellones del penal, donde encontró una conexión humana que la marcó para siempre.
«Me costó mucho tener mi lugar acá. Quería demostrarme que podía», relató al rememorar aquellos días donde la sociedad la juzgó por elegir su libertad.
El orgullo de ser Palacio
Hija de un hombre estructurado y leal, Karina libró una batalla silenciosa para dejar de ser «la hija de» y transformarse en la mujer que hoy San Juan abraza en cada plaza. El momento más conmovedor llegó cuando su padre, un hombre de leyes y guitarras, reconoció finalmente su fortaleza. «Él me dijo: tenés los huevos que yo no tuve. Y hoy soy feliz de ser el padre de», contó con los ojos brillantes, sabiendo que su nombre hoy es una marca de identidad y superación para miles de mujeres.
Un decreto de vida y libertad
Sin miedos ni etiquetas, Karina Palacio se proyectó hacia el futuro con la misma rebeldía con la que vivió su juventud. Admiradora de la inteligencia de Moria y de la vitalidad de Graciela Alfano, la conductora de Sentite Joven decretó que su historia aún tiene muchos capítulos por escribir. «No voy a parar hasta ser reina del adulto mayor. Es la actitud la que marca el lugar», sentenció, dejando claro que su esencia guerrera seguirá despertando conciencias y contagiando ganas de vivir en cada rincón de la provincia.
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