Juan Carlos Solimano: El baqueano del MTB y el trekking

07:52h

Juan Carlos Solimano es conocido por sus amigos como «el Sordo», pero en los senderos de San Juan su nombre es sinónimo de libertad y de nuevos rumbos. A sus sesenta años, este hombre se convirtió en el baqueano que rediseña la geografía de la montaña para los amantes del deporte. Su vida cambió de manera radical a los cuarenta años, un momento de quiebre en el que decidió dejar atrás el estrés cotidiano para abrazar la naturaleza.

Este relato íntimo surgió durante la entrevista que la periodista Celeste Williner le realizó en el programa «¿¡Quién sos?!», estrenado este domingo en Pelado Stream. Bajo el título «JUAN CARLOS SOLIMANO: El baqueano que hace camino al andar», el capítulo estrenado este domingo de agosto revela la pasión de un hombre que trabaja de forma desinteresada para su comunidad.

Antes de su transformación, Juan Carlos vivía bajo una intensa presión laboral. Un día frente al espejo tomó la decisión de iniciar una nueva etapa: comenzó en el gimnasio, probó el motocross y finalmente descubrió el mountain bike. «A los 40 años decidí un día cambiar mi vida», evoca con firmeza. Aunque el motociclismo le agradaba, le generaba una gran carga de estrés debido a la preparación, el combustible y el riesgo físico. Un amigo lo invitó a andar en bicicleta y la simplicidad de esa actividad lo cautivó de inmediato; vendió su motocicleta y nunca más regresó a ella.

Su faceta como creador de senderos se inició en el año 2011. Junto a su hermano, comenzó a explorar antiguas huellas de motos en la zona del polígono faunístico. Su primer proyecto fue en la «quebrada escondida». No obstante, el entusiasmo inicial dio paso a una separación de caminos debido a diferencias creativas. Mientras su hermano prefiere los senderos de alta montaña, muy exigentes y aptos para competencias como el Transmontaña, Juan Carlos busca circuitos más accesibles para todo el público.

El diseño de un circuito requiere paciencia y método. Solimano camina por la tarde, recoge cintas de carreras y las coloca en las espinas de los arbustos para marcar la ruta. Si encuentra un paso imposible, retrocede y busca otra alternativa. Para la construcción física de los senderos utiliza herramientas como el pico, el asadón y el rastrillo. Debido al esfuerzo que demanda esta tarea, Juan Carlos limita su labor con un cronómetro: «Pongo el teléfono, pongo una hora, una hora que le dedico a mis amigos». Este límite temporal es crucial, ya que el cuerpo pasa factura con los años. Además, enfrenta la pérdida constante de sus elementos de trabajo, los cuales esconde en la montaña y a menudo son objeto de robos.

La lista de circuitos creados es extensa: «Solimano Z», «Área 52», «El senderito» y «La cascada» son solo algunos de los nombres que guían a los deportistas. Durante la pandemia, estas rutas cobraron un valor incalculable para quienes tenían permiso de entrenamiento al aire libre. Sin embargo, la convivencia con otros vehículos es compleja. En la zona del circuito Panorámico, Solimano traza los senderos sobre los filos de las montañas para evitar el ingreso de motocicletas que destruyen el terreno y provocan zanjas.

Esta pasión es un legado familiar que ya alcanza a sus hermanos, sobrinos y nietos. Su rutina de entrenamiento comprende tres sesiones semanales; en una de ellas se desvía de su grupo para trabajar en solitario en las sendas. Aunque algunos amigos se suman de forma ocasional «para la foto», Juan Carlos y su hermano realizan el trabajo duro en soledad. La mayor recompensa para él es el reconocimiento de los ciclistas que transitan por sus obras. «Me encanta que me den opiniones», confiesa el baqueano, quien también aprovecha el paso de los grupos de entrenamiento más lentos para compactar el suelo virgen de las nuevas sendas.

Respecto a la seguridad en sus circuitos, Juan Carlos considera que el riesgo es bajo. A pesar de que los golpes menores son habituales y hasta motivo de risas entre amigos, recuerda un grave accidente donde una ciclista sufrió una fractura de columna en Angaco. También existen proyectos que no prosperaron, como la subida al cerro Parkinson. Ese sendero quedó sin terminar durante la pandemia tras el robo de sus herramientas por parte de unos caminantes. Para continuar su labor en el Panorámico durante las restricciones sanitarias, Juan Carlos se disfrazaba de peón rural con el fin de eludir los controles. Tras ese episodio, volcó su esfuerzo en el circuito Panorámico, una zona con paisajes maravillosos que compara con el Valle de la Luna.

El futuro de Solimano se dibuja con nuevos horizontes. Su meta actual es extender el circuito del Panorámico hasta la zona de «Las Tapas». Asimismo, sueña con la creación de una red conectada de senderos, similar al Camino de Santiago de Compostela. Para lograrlo, anhela el apoyo de los municipios de Ullum y Zonda, ya que estas sendas cambian y recuperan la vida de muchas personas. Próximo a retirarse de su empleo formal, planea dedicar más tiempo a esta tarea que le brinda felicidad absoluta. Como reflexiona al cierre de su charla: su único motor es «darles a nuestros amigos algo para poder también charlar» y disfrutar de la inmensidad de la montaña.

PELADO STREAM

Redacción PeladoStream
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