29 Jul 07:05h
La tensión política en el seno del oficialismo alcanzó un nuevo pico de violencia verbal tras una fuerte disputa pública entre la diputada Lilia Lemoine y la vicepresidenta Victoria Villarruel. El conflicto, que inició por discrepancias en torno a las dietas legislativas, escaló hasta derivar en descalificaciones personales y acusaciones de deslealtad.
El enfrentamiento estalló cuando Lemoine cuestionó la marcada disparidad salarial entre ambas cámaras del Congreso. La legisladora detalló que, en 2026, los senadores perciben 12 millones de pesos, cifra que duplica los 6 millones que cobran los diputados. En su denuncia, Lemoine señaló que, mientras Martín Menem mantuvo la austeridad en la Cámara Baja, Victoria Villarruel decidió aumentar el sueldo de los senadores para «quedar bien con la alta política».
La respuesta de la vicepresidenta fue inmediata y lapidaria. Villarruel tildó a la diputada de tener «cerebro de microbio» y afirmó que su perfil es una muestra de las cualidades que los ciudadanos rechazan en un legislador. Según la funcionaria, es necesario elegir mejor a los representantes para evitar que se dediquen a «actividades golpistas», campañas mediáticas o a «llorar cariño presidencial».
Finalmente, la titular del Senado vinculó el accionar de Lemoine con intereses ajenos al bienestar nacional y ratificó su postura contra la venta de tierras a extranjeros. Este cruce expone una fractura profunda en la relación entre dos figuras clave del espacio político actual, en un contexto de fuerte debate sobre el gasto público y la conducta de los funcionarios.
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