13 Mar 09:21h
Así como la Casa Rosada reclama a los gobernadores aliados que no desdoblen elecciones porque Javier Milei necesita esa colaboración acumulativa para garantizarse la victoria en primera vuelta, Marcelo Orrego necesita el mejor desempeño de sus tres intendentes estratégicos en el Gran San Juan para edificar su reelección el año que viene: Susana Laciar en Capital, Sergio Miodowsky en Rivadavia y Juan José Orrego en Santa Lucía. En ese orden.
A diferencia de Milei, Orrego sabe que los intendentes van a elegirse el mismo día que el gobernador. Es muy improbable que un municipio se aparte del calendario provincial. Hace algunas semanas corrió la versión de que Fabián Aballay lo estaba evaluando en Pocito, pero él mismo se encargó de desmentirlo. El costo económico sería un disparate.
Entonces, mientras Milei deshoja la margarita hasta ver qué actitud toma Orrego, Orrego cuenta con el aporte incondicional de sus intendentes. La cuenta es sencilla: mientras mejor les vaya en sus distritos, más votos le aportarían al gobernador.
Hay un cuarto intendente alineado con Producción y Trabajo, Alfredo Castro en Sarmiento. Es un departamento valioso, como todos. Pero poblacionalmente todavía es muy baja su participación en el escrutinio final.
Así como la elección nacional se liquida entre provincia de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, Ciudad Autónoma de Buenos Aires y Mendoza; en San Juan gana el que gane el Gran San Juan. Compensar una derrota aplastante en este conglomerado urbano con pequeñas victorias en los departamentos periféricos será siempre una quijotada. ¿Por qué? Por la enorme diferencia de padrones.
Dicho en otros términos, salir segundo en Capital puede ser mucho más útil a los efectos provinciales que ganar en tres departamentos pequeños.
Empieza a clarificarse entonces la importancia que tendrá para la reelección de Orrego el desempeño de Susana Laciar. Después de Rawson, es el segundo departamento más pesado en términos de padrón electoral.
Laciar estará habilitada para ir por la reelección, ya que está transitando apenas su primer mandato. Sin embargo, Capital siempre fue mezquina con los intendentes de turno. Solo Marcelo Lima logró repetir hasta ahora y fue en un contexto totalmente atípico, cuando Cristina Fernández de Kirchner como candidata presidencial y José Luis Gioja como candidato a gobernador orillaban los 70 puntos.
Hoy el escenario es muy ajustado para todos.
A Laciar, como al resto de los intendentes, le tocó gestionar en medio de la peor crisis económica que se recuerde desde el 2001 a esta parte. Solo la brutal caída de coparticipación, más el cierre de todos los programas de financiamiento de Nación para los municipios explica el momento histórico.
Pero el electorado de Capital tiene otras reglas. Lo sigue repitiendo Laciar en cada oportunidad: la gente a ella no le pidió grandes obras sino pequeñas intervenciones que mejoren la vida cotidiana. Para eso no hace falta tanto presupuesto.
El peronismo no tiene por el momento ningún dirigente que asome con potencia y amenace la continuidad de la intendenta. La amenaza viene pintada de violeta. El resultado de octubre del año pasado encendió las alertas, como ya se analizó oportunamente.
Entre Capital, Rivadavia y Santa Lucía, el orreguismo debe construir una base electoral robusta para enfrentar las potenciales victorias del peronismo en los inmensos Rawson y Chimbas, donde tanto Carlos Munisaga como Daniela Rodríguez tienen abierta la puerta para buscar la reelección. Ambos casos merecerán columnas aparte.
En Rivadavia, Orrego cuenta con la herencia de Fabián Martín que supo interpretar Sergio Miodowsky. El modelo es simple: muchas pequeñas obras, alumbrado, barrido y limpieza, y presencia en el territorio. Con eso parece bastar para blindar el departamento. Desde que Producción y Trabajo ganó en ese distrito en 2015 hilvanó una seguidilla de victorias sin interrupciones.
Finalmente Santa Lucía, el departamento menos poblado del Gran San Juan, pero el más simbólico de todos por tratarse de la cuna del gobernador. En este caso Juan José Orrego no podrá continuar porque está transitando su segundo mandato consecutivo y, por primera vez en 16 años, el orreguismo tendrá que buscar un candidato o candidata del espacio que pueda retener ese capital electoral sin compartir el apellido.
Los Orrego tendrán que tomar una decisión clave para retener la intendencia, pero fundamentalmente para solidificar el triángulo estratégico de la reelección del gobernador.
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