19 Ene 14:05h
El paso del presidente Javier Milei por el festival de Jesús María -con participación artística junto al Chaqueño Palavecino incluida- ofreció una interesante metáfora del inicio político del 2026. De jinetes y jineteadas, en un año clave para acomodarse antes del inevitable examen electoral del 2027.
Milei volvió a demostrar una flexibilidad llamativa para desdecirse de sus propios dogmas. Pasó de defenestrar las fiestas populares a aprovechar ese baño de popularidad imprescindible y altamente gratificante para el ego del conductor. Como dirían las abuelas: a nadie le amarga un dulce.
Frente al público que lo ovacionaba, el presidente destacó la importancia que tiene ese tipo de encuentros, sin reparar esta vez en la suma millonaria que destinan el Estado Provincial y el Estado Nacional -a través del Banco Nación como sponsor- para promover ese evento cultural que ya acumula 60 ediciones.
Nadie dijo que esté mal el fomento de la cultura ni sus numerosos efectos positivos como política pública. Salvo Milei. Pero eso es pretérito. Tampoco es el objeto de esta columna.
Milei le dedicó ‘Amor salvaje’ a los cordobeses que le dieron un sólido acompañamiento en las urnas desde 2023 hasta el 2025, incluso relegando al peronismo antikirchnerista de Juan Schiaretti y Martín Llaryora. Si Córdoba se mantiene en esa línea, la ola libertaria puede entusiasmarse con la reelección el año que viene. Y de eso se trata.
Todo el 2026, que recién está en pañales, crecerá apuntado hacia el 2027. Cada acción presidencial estará direccionada hacia la construcción de la reelección. Con idéntica lógica operará el gobierno provincial de Marcelo Orrego.
La barba de Orrego
El gobernador reapareció la semana pasada con look renovado, una discreta barba. La frivolidad de todo enero y la carencia de temas hizo que el asunto se convirtiera en título periodístico. Cosas de verano.
La barba de Orrego pudo interpretarse como una síntesis estética de la nueva etapa. El 2025 ya pasó. Ahora la próxima meta estará puesta en el año que viene, en la reelección que obligatoriamente tendrá que perseguir el líder de Producción y Trabajo.
En esa jineteada -no abandonar la metáfora inicial, por favor- el gobernador tendrá que resolver, sin apuros, la conveniencia de mantener su autonomía política o acercarse a los libertarios. En 2025 pagó el costo del intento provincializador.
El orreguismo, con Fabián Martín como candidato a diputado nacional, quedó en segundo lugar debajo del justicialismo con Cristian Andino, debido al crecimiento del ignoto libertario Abel Chiconi.
Cada punto que subió Chiconi fue un punto que cayó Martín. Bastó la imagen de Milei como palanca para partir el escenario en tercios, contra la predicción de los encuestadores que auguraban una polarización con Martín primero, Andino segundo y los libertarios afuera. Error.
Frente a la cruda verificación de la realidad, Orrego quedó en situación de relanzar su relación con Milei. En eso están.
En ese contexto llegó el jueves pasado el ministro del Interior, Diego Santilli, para pedir respaldo en el Congreso Nacional -Orrego cuenta con dos votos en Diputados, pero ninguno en el Senado- y también para escuchar las pretensiones de San Juan.
De un lado del mostrador, Nación espera acompañamiento irrestricto a la reforma laboral. Del otro lado, San Juan celebra los cambios en la Ley de Glaciares. En el medio, si hubiere alguna mano para destrabar la demoradísima Ruta 40 Sur, sería ideal.
Un toma y daca clásico de la política argentina, donde el federalismo se expresa así: con recursos. O no se expresa.
Santilli le dedicó un par de horas largas a Orrego, lo visitó en Casa de Gobierno y participó del acto en memoria de las víctimas del terremoto de 1944. Pero también se hizo tiempo para acompañar a los militantes libertarios de José Peluc.
Ese es el juego actual de la Casa Rosada: entenderse con las provincias dialoguistas para sacar las leyes urgentes en el Congreso, sin que eso implique ningún compromiso electoral prematuro.
A diferencia de 2025, en 2027 Orrego tendrá una llave fundamental y exclusivamente suya: la fecha de convocatoria a elecciones provinciales. El gobernador podrá separar todo lo que quiera los comicios sanjuaninos de los nacionales. Hoy, como está la legislación vigente, no tiene límite alguno.
Incluso está en funcionamiento la denostada ley de lemas, bajo el nombre de Sistema de Participación Amplia y Democrática o SIPAD. Es decir, un régimen que habilita alianzas y multiplicidad de candidatos bajo un mismo paraguas, con sumatoria de votos recíproca.
Por esas cosas de la vida, el SIPAD podría ofrecerle a Orrego una solución a su predicamento acerca de ir o no junto con los libertarios. En 2026 la Legislatura tendrá que darse ese debate. El oficialismo promueve un sistema que elimina la ley de lemas y ofrece, a cambio, la reinstauración de las internas partidarias. Pero esa receta no satisface, por ejemplo, a los aliados bloquistas. Hay muchos puntos suspensivos.
De Cristina a Uñac
El peronismo, por su parte se entusiasma con la polarización nacional entre Milei y ¿Cristina Fernández de Kirchner? ¿Axel Kicillof? Alguno surgirá, confían en la casona de 25 de Mayo y Alem, donde cuentan con una figura que parece tener una silla en esa mesa de decisiones: Sergio Uñac.
El senador, lejos de su época de esplendor electoral en San Juan, tiene un lugar asegurado en esta jineteada. Tras el resultado positivo de Andino como ‘su’ candidato en 2025, en un contexto de justicialistas maltratados en todo el país, toda negociación a futuro lo tendrá como interlocutor necesario.
Días atrás, una fuente cercana dijo que en esa mesa de decisiones estarán Cristina, Axel Kicillof, Sergio Massa y, sí, también Uñac. Seguramente querrán sentarse los gobernadores como Ricardo Quintela y el perenne Gildo Insfrán. Quien sí o sí tendrá una silla garantizada es el santiagueño Gerardo Zamora.
Su mayor expectativa sigue siendo el derrumbe de Milei en la consideración popular. Calculan que cuando el presidente agote su crédito, el voto volverá al peronismo. No hay nada más, tras la caída del armado de centro que ofrecieron Provincias Unidas. ‘Provincias Hundidas’, ironizó la misma fuente.
Por lo pronto, Uñac se acomoda para la jineteada que le toca, más entusiasmado por lo nacional que inquieto por los caños del Acueducto Gran Tulum.
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