02 Nov 09:34h
«Kicillof desafía a Cristina: no aceptará un candidato a dedo», tituló Clarín en su portada este sábado 31 de octubre. En la histórica relación amor-odio del peronismo con «el gran diario argentino», el matutino porteño nunca jugó neutral y el PJ nunca fue inmune a esas letras de molde, como solía decir la expresidenta.
La controversia escaló esta vez de manera muy llamativa porque el título, a diferencia de otras oportunidades, no tuvo nada de novedoso. Sobran los portavoces del axelismo que vienen diciendo lo mismo. Esta vez, más que nunca, el medio fue el mensaje.
Que lo publicara Clarín, justamente Clarín, fue lo verdaderamente relevante. ¿Acaso algún candidato presidencial puede aspirar a llegar al poder sin haber recibido esa bendición? Para ejemplo, basta citar el caso de Sergio Uñac y su reciente entrevista en esa empresa editorial.
Luego, desde el poder, el vínculo siempre sufrirá tensiones. En el caso de los Kirchner, la relación con Clarín se terminó de romper aquel 9 de marzo de 2009 cuando Néstor dejó la frase para los tiempos: «¿Qué te pasa Clarín? ¿Estás nervioso?».
Pero primero hay que llegar al poder.
La portada del diario de Héctor Magnetto y otros hundió el cuchillo este fin de semana en una herida ya sangrante. El problema del peronismo sigue siendo quién manda.
¿Manda Cristina desde su prisión domiciliaria en San José 1111, inhibida por la Justicia para ser candidata a perpetuidad? Si no hay una respuesta única al respecto, ahí radica el quid de la cuestión.
Presa e inhibida, Cristina conserva la conducción de La Cámpora y de una parte relevante del peronismo. A eso le suma una mejora ostensible en las encuestas. Mantiene un diferencial negativo, pero según Analogías en octubre de 2026 superaba el 45 por ciento de imagen positiva frente al casi 39 por ciento de Javier Milei.
Impedida para competir hasta que el Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas diga lo contrario -y recién entonces habrá que ver cómo impactaría esa declaración en la Justicia argentina- Cristina podrá direccionar su respaldo a favor o en contra de.
Dicho en otros términos, aún si no pudiera ser candidata en 2027, Cristina tendrá poder de veto. Es lo que está intentando desarmar el axelismo desde hace tiempo.
Por eso la tapa de Clarín del sábado pasado no tuvo nada de novedoso, más allá de la excusa de la reunión del gobernador de Buenos Aires con un grupo de intendentes. El verdadero mensaje fue el membrete colorado.
A esta altura del análisis, hay que decir también lo obvio: el peronismo bonaerense nuevamente ha nacionalizado sus intrigas y el resto del mapa está subordinado a lo que se resuelva allá, donde se concentra casi el 40 por ciento del padrón argentino.
Por eso el peronismo de San Juan, como el de otras provincias, respirará aliviado de que haya elecciones desdobladas. Resolver primero lo local, desprendidos de la interna bonaerense entre axelismo y kirchnerismo, será altamente deseable.
Uñac ya se tomó la foto con Máximo Kirchner el 1 de octubre en el PJ de San Juan, como prueba de correspondencia con el espacio. Pero también mantuvo encuentros reservados con referentes de Kicillof, según dijo a este periodista una fuente del axelismo sanjuanino.
José Luis Gioja se tomó una foto con Axel arrancando el año y luego todo el giojismo se incorporó al Movimiento Derecho al Futuro (MDF), la plataforma de lanzamiento presidencial del gobernador bonaerense. Sin embargo, ni el exgobernador ni ninguno de sus referentes rechazaría a Cristina. No estuvieron para sacarse la foto con Máximo, pero los puentes no están quemados.
¿Por qué pasa esto? Porque el final está abierto. Tan abierto que Clarín decidió jugar con una tapa que nadie esperaba, en tiempos en que una tapa mide menos que el algoritmo pero pesa mucho más.
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