19 Mar 15:10h
El tiempo se detuvo en el estudio de Pelado Stream cuando Alejandra Ruiz se sentó frente al micrófono. Con la certeza de quien portó una marca registrada en el periodismo sanjuanino, la profesional recorrió cuatro décadas de una trayectoria que comenzó a los 19 años. Entre recuerdos de cenicerazos legislativos, cámaras ocultas y la adrenalina de las calles, Ruiz desnudó su alma en una entrevista que combinó la nostalgia de los grandes maestros con la crudeza de la realidad actual.
LOS INICIOS ENTRE BOMBAS DE HUMO
Ruiz recordó sus primeros pasos en 1989, cuando acompañó a Alejandro Flores a cubrir la Cámara de Diputados. Eran tiempos de una política visceral, previa a la reforma del 94. “Se sentaban Don Leopoldo y Don Alfredo y arreglaban todo”, rememoró con una sonrisa, al evocar las épocas donde el bloquismo y la renovadora dirimían sus diferencias entre bombas de humo y sesiones que terminaban a la madrugada. De allí saltó al móvil de Radio Libertad junto a Jorge Méndez, en un mundo sin celulares donde el teléfono fijo era el único nexo con la redacción.
El gran quiebre de su carrera llegó con una llamada inesperada. “Alejandrita querida, vos no me conocés a mí, pero yo te conozco a vos… sos ideal para el móvil”, le dijo del otro lado de la línea Nina Galván. Aquella invitación la llevó a LV5 y LV1, donde trabajó durante una década rodeada de leyendas. Allí conoció a Delfor Pérez, a quien describió con profunda emoción como un maestro y un amigo extraordinario. “Me emociona porque me pasaron cosas con Delfor que fueron extraordinarias… tengo mucho de él”, confesó con los ojos empañados.
LA ESCUELA DE LA IRREVERENCIA
La historia de Alejandra no se entiende sin los nombres que forjaron su carácter. Recordó al impulsivo Quito Bustelo, quien la llamaba «niñita» y con quien compartió micrófono hasta un mes antes de su fallecimiento. También evocó a Lucho Román, quien le dio la lección más importante de su oficio: “Nos enseñó a ser irrespetuosos… a entender que el periodista está para que le contesten”. Bajo esa premisa, Ruiz se convirtió en una movilera incansable que se metía donde «no debía» para buscar la verdad.
Esa irreverencia alcanzó su punto máximo en Pecados Capitales, junto a Alejandro Chighizola y el Chango Illanes. Ruiz recordó las primeras cámaras ocultas de la televisión local, trabajos que incluso le costaron el puesto a funcionarios. Sin embargo, el precio de la verdad fue alto. “He recibido intimidaciones y muchas, de personajes muy conocidos”, reveló, al recordar llamadas que amenazaban la seguridad de sus hijos. A pesar del miedo de su familia, su vocación fue más fuerte: “Lo gestioné con la vocación y con el cuidado de estos grandes personajes”.
UNA MADRE EN LA LÍNEA DE FUEGO
Uno de los momentos más dramáticos de su relato ocurrió en 2002, durante la destitución de Alfredo Avelín. Con ocho meses de embarazo, la rebeldía de Alejandra la llevó a la calle pese a las órdenes de Chighizola de quedarse en el canal. “Terminé saliendo en Crónica TV… de un lado venían las piedras y del otro las balas, y la Alejandra en el medio con la panza de ocho meses”, relató.
Aquella imagen de una madre corriendo entre gases lacrimógenos quedó grabada como el símbolo de una mujer que nunca se arrepintió de nada: “Uno se arrepiente de lo que no ha hecho”.
Hoy, tras 40 años de ejercicio, Alejandra Ruiz miró el presente con una mezcla de preocupación y nostalgia. Confesó no entender la falta de empatía en la sociedad actual y sintió una deuda personal con la provincia. “¿De qué me sirvió mi ego periodístico si todo se fue desvirtuando?”, se preguntó con honestidad brutal.
A pesar de las cicatrices y los desafíos de un ambiente que definió como «todavía muy machista», Ruiz se mantuvo firme en la enseñanza que le dejó el Chango Yanes: “Acordate que vos sos la que sabés”.
PELADO STREAM
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