02 Mar 08:52h
Es difícil elaborar una columna de opinión sobre el mensaje anual del presidente Javier Milei ante la asamblea legislativa, sin caer en el lugar común: fue un espectáculo bizarro montado a la medida de un show televisivo. Curiosamente, de tan repetido y previsible, se volvió aburrido.
Haciendo un enorme esfuerzo para separar la corteza y hundir el cuchillo en la pulpa, Milei demostró nuevamente su centralidad en la política argentina, su decisión de jugar a fondo con los propios, con los convencidos, con los más fanatizados, y confiar en que el resto lo termine acompañando por miedo a que vuelva el kirchnerismo.
Jugar a la polarización extrema es una receta trillada, pero hasta ahora resultó muy efectiva. Le sirvió a Mauricio Macri en 2015, tanto como le sirvió al Frente de Todos de Alberto Fernández, Cristina Fernández y Sergio Massa en 2019.
Fue esa polarización la que llevó al poder a Milei en 2023. Su mayor logro consistió en apoderarse de la bandera del cambio real, ya no con respecto a un sector de la política sino al viejo orden que incluye también a empresarios, medios de comunicación e incluso una parte de la sociedad definida como ‘los parásitos’.
Esa división entre el bien y el mal, alimentada por el algoritmo de las redes sociales que retroalimenta el sesgo de confirmación, le alcanzó al presidente para sostenerse incluso en los peores momentos, cuando parecía que se desmoronaba toda la arquitectura del poder.
El salvataje de Estados Unidos en 2025 le dio el oxígeno extra que necesitaba, con resultado conocido. En un mundo polarizado, donde Donald Trump se apropia de la bandera del ‘bien’, Milei es su mejor alumno. Las fronteras de la realidad y la ficción se tornan cada vez más borrosas.
El problema para el presidente argentino es que está jugando con fuego. Poner a todo el mundo del otro lado, en la vereda opuesta, implica agrupar a un solo enemigo.
Ojo: una cosa es el discurso de bonanza económica y recuperación declamada, y otra cosa es el malhumor social que todavía no encontró quién lo interprete. ¿Cuánto falta para que aparezca alguien que pueda unificar a los distintos segmentos hartos de todo?
El síntoma más evidente de este malestar es el paro docente que afecta al país completo en el primer día de clases. Ni kuka, ni zurdo, es un paro justificado en el atraso salarial. Los festejos del presidente todavía no llegaron a la gente de a pie.
Las estadísticas de pobreza a la baja, creación de empleo y salarios en dólares más altos de la región, son altamente discutibles. Pero no es necesario entrar en ese debate, cuando la gente lo está sintiendo en el bolsillo. Milei parece ser consciente de que su mayor activo es el miedo a que vuelva el kirchnerismo. No permitirá que se apague esa brasa.
Los anuncios se pueden sintetizar en dos líneas. Argentina seguirá por el mismo rumbo, con un Poder Ejecutivo absolutamente empoderado en el Congreso gracias a la nueva conformación que arrojaron las elecciones de mitad de mandato. Que vendrá una catarata de reformas en lo electoral, en lo judicial, en lo penal y en lo educativo, entre otros frentes. Y poco más.
El resto fue ‘domar zurdos’, ‘chorra con tobillera’ y, el más pintoresco de todos, ‘chilindrina troska’. En el medio de ese discurso clásico libertario, los ministros de la Corte Suprema petrificaron sus expresiones faciales. Los gobernadores invitados también, pasaron de las sonrisas iniciales a la cara de póker.
Ahí estuvo Marcelo Orrego, por cierto. El gobernador sanjuanino tiene nuevamente un desafío delicadísimo. En 2025 jugó a provincializar la elección y quedó atrapado en la polarización de Milei y los K. ¿Tendrá que aliarse con La Libertad Avanza de manera forzosa para sobrevivir en 2027?
Quien diga que tiene la respuesta, apenas arrancando el 2026, se está apresurando. Hay que dejar el agua correr.
PELADO STREAM
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